En 2011, por ejemplo, la celebración debió trasladarse al 21 de agosto debido a que coincidía con las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). En 2013 quedó establecido el tercer domingo de agosto como fecha de referencia para evitar nuevas coincidencias electorales y darle mayor previsibilidad a las familias y al comercio.
El nombre también atravesó cambios. En los últimos años comenzó a utilizarse con mayor frecuencia la denominación “Día de las Infancias”, una modificación que buscaba incorporar una mirada más amplia sobre la diversidad de las experiencias durante la niñez.
La norma publicada por el Gobierno sostiene que la celebración del “Día del Niño” constituye una tradición arraigada en la Argentina y destaca su relación con la concientización sobre los derechos de los chicos.
El decreto también menciona la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. Según los fundamentos oficiales, la jornada debe servir para promover y garantizar esos derechos.
En su artículo primero, la norma es concreta: “Declárase ‘Día del Niño’ el tercer domingo del mes de agosto de cada año”. El decreto entró en vigencia con su publicación en el Boletín Oficial.
El debate por la denominación había tomado fuerza durante la gestión anterior. En 2020, desde la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia se había impulsado el uso de “Día de las Infancias”, con el argumento de ampliar la mirada y contemplar las distintas realidades de quienes atraviesan esa etapa.
Con la decisión de Milei, el Gobierno volvió a establecer como denominación oficial “Día del Niño”, recuperando una expresión históricamente instalada en la sociedad argentina.
La decisión no cambia el sentido de la celebración ni las obligaciones del Estado respecto de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Lo que modifica es la denominación oficial de la fecha, una cuestión que, pese a parecer simbólica, volvió a abrir una discusión sobre tradición, lenguaje e inclusión.
De esta manera, el tercer domingo de agosto quedó establecido como la fecha fija y el Gobierno de Milei decidió recuperar oficialmente el nombre con el que la celebración fue conocida durante décadas.
Así, cada agosto convivirán dos cuestiones: una celebración profundamente instalada en las familias argentinas y una denominación que volvió a ser reconocida formalmente por el Estado.