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Si alguien nos hubiera dicho hace dos años que Javier Milei iba a ser presidente de la Nación lo hubiéramos catalogado de pura ciencia ficción. Pero sucedió y aquí estamos tratando de seguirle el paso a este hombre, que en términos futbolísticos, pasó de la cuarta división directo a primera sin escalas. No son pocos los sectores preocupados por la inexperiencia ejecutiva de Milei. El impacto electoral puso groggy al sistema político en general. Esto se refleja en cómo le está costando asimilar el mensaje popular al Kirchnerismo, en cómo se insinúa el reacomodamiento del peronismo y de los sectores radicalizados con la profundización de la grieta que se refleja sin términos medios en las redes sociales.

Milei lo sabe desde el 19 de noviembre que sin gobernabilidad no hay gobierno posible. Es por ello que en los últimos días se recostó en la figura de profesionales de la política más allá de sus pertenencias para consolidar alianzas. La desgastada relación con el FMI, la posible decisión sobre una economía de shock sin demasiado espacio para el gradualismo, el bimonetarismo y las señales de que “no hay plata” nos retrotrae a épocas muy complicadas del país con este nuevo ingrediente, el desbande en los espacios políticos.

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Los diversos sectores de poder deberán tratar de bajar la pelota porque dentro pocos días empieza a gobernar el nuevo presidente y la cosa no está para nada fácil. ¿Encontrará el nuevo gobierno la tolerancia social en pos de lograr un ordenamiento económico? ¿La clase política tiene la voluntad de acompañar un ordenamiento de las variables económicas? Los reclamos son múltiples y no muchos tienen en claro que el país primero debe generar las condiciones necesarias para poder crecer y producir más.

Lamentablemente hay dirigentes en nuestra Argentina que cargan un nivel de hipocresía muy fuerte con respecto a la situación que nos encontramos. Tenemos una economía que se encamina a una inflación anual del 180%, un nivel de pobreza que se asemeja al 2002 y acumulando una sumatoria de fracasos que han aumentado las demandas de la mayoría de la población. Podríamos agregar los problemas de inseguridad, corrupción, caída en los ingresos, creación de empleo, etc.

La sociedad ha dejado de comprar a libro cerrado, deberían tomar nota aquellos que siguen creyendo que mientras peor le vaya a un gobierno más son las posibilidades de seguir perdurando en sus cómodos lugares.

Esto no quita los interrogantes que existen sobre la próxima administración y de cómo gestionará, pero no podemos perder la perspectiva sobre la magnitud de la crisis y las posibilidades ciertas que la economía detone. Caer en el simplismo político que el próximo presidente comienza con un gobierno cooptado es tan débil como negar el 44% de votos obtenido por Massa o desconocer que los gobernadores de JxC puedan autopercibirse como “alternativa” al gobierno de Milei.

El pragmatismo que viene mostrando el ministro Guillermo Francos tomando contactos con gobernadores de JxC y peronistas para bajar ansiedades con relación al envío de fondos a sus distritos son auspiciosos. Aunque solo con pragmatismo también sabemos que no se resuelven todos los problemas.

El respaldo obtenido por Milei le permite practicar realismo explícito en cuestiones como postergar la dolarización porque no hay dólares, la resolución a la trampa del cepo, encarar el gasto público porque no se puede seguir gastando lo que no se tiene, reformar un Estado sobredimensionado y derrochador, el “engaña pichangas” de las Leliqs, cuestiones que impactan no solo en los que votaron por Milei.

El desafío económico y político que debe enfrentar el próximo gobierno es de gran magnitud. El tiempo es escaso para que no se diluya rápidamente su capital político. Subestimar a Milei tampoco revierte el fracaso de los últimos gobiernos.

Hay otros dos temas que se han subido a la discusión y que tienen un mismo hilo conductor, los recursos del Estado.

Uno está referido a la necesidad de terminar con la intermediación de los planes sociales que no permiten que realmente la plata llegue a donde tiene que llegar, a los caídos del sistema. El otro está relacionado con la obra pública y los gobernadores.

Las expresiones escuchadas por estos días de la “cámara argentina de la corrupción” o la “desaparición de la obra pública”, ambas son desmedidas. La construcción es un sector económico muy importante, uno de los más fuertes del país. El presidente electo habló del “modelo chileno” de iniciativa privada, es decir que las obras puedan ser realizadas por el sector privado. La preocupación de esta iniciativa ha calado fuertemente en el sector de las pymes de la construcción.

Habrá que seguir como avanza esta discusión sobre la idea que las licitaciones entre las empresas privadas para la construcción de grandes obras de infraestructura pública (rutas, autopistas, hospitales, cárceles, aeropuertos, etc) y la explotación de esa inversión pueda ser viable en nuestro país. Las empresas están en alerta.

A Milei le sobran votos, pero le faltan apoyos legislativos. Este gobierno de minoría le obliga a construir alianzas múltiples para que pueda enfrentar el desafío económico y político de magnitud que tiene por delante la Argentina.

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