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Del "premio de la paz" al Mundial de fútbol en alerta: la paradoja de Trump

Hace meses recibió un reconocimiento de la FIFA por su rol diplomático. Hoy, sus decisiones en el escenario internacional vuelven a poner en duda la seguridad del Mundial 2026.

La posible ausencia de la selección de Irán en el Mundial 2026 reabrió un debate que excede al fútbol. Detrás de la incertidumbre deportiva aparece una trama más profunda en la que se cruzan política internacional, conflictos bélicos y decisiones de alto nivel que hoy ponen en tensión a la mayor cita del deporte.

La discusión volvió a instalarse luego de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, asegurara que el mandatario estadounidense Donald Trump le garantizó que el seleccionado iraní será bienvenido para disputar el torneo.

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Según explicó el titular del organismo en sus redes sociales, la conversación se produjo durante una reunión privada en la que abordaron la situación del equipo asiático en medio de la escalada de tensión en Medio Oriente.

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“Durante nuestra conversación, el presidente Trump reiteró que el equipo iraní es bienvenido, sin duda, para disputar el torneo en Estados Unidos”, señaló Infantino.

El problema es que, mientras esas garantías se expresaban públicamente, en paralelo crecían las advertencias desde el propio gobierno iraní. El ministro de Deportes de ese país, Ahmad Donyamali, volvió a poner en duda la participación del seleccionado debido al contexto político y militar.

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El Mundial 2026 —que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá— tendrá a Irán con partidos programados en territorio estadounidense, específicamente en Los Ángeles y Seattle.

Ese detalle logístico es el que encendió las alarmas. El traslado de una delegación iraní a suelo estadounidense, en un escenario de tensión diplomática y militar, abre interrogantes sobre seguridad, garantías diplomáticas y estabilidad internacional.

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Pero el trasfondo del debate tiene otro elemento que hoy vuelve a cobrar relevancia.

La coincidencia que hoy genera ruido

A fines de 2025, durante el sorteo del Mundial, Infantino protagonizó un gesto que en su momento generó comentarios pero que ahora adquiere otro significado. El presidente de la FIFA fue quien entregó personalmente a Trump el nuevo Premio de la Paz de la FIFA, un reconocimiento creado por el organismo para distinguir a figuras que —según su definición— “realizan acciones extraordinarias por la paz y la unión entre los pueblos”.

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“Este es tu premio, tu premio de paz”, expresó Infantino al momento de entregarlo. La escena ocurrió en un contexto en el que Trump impulsaba su imagen internacional como mediador en conflictos globales e incluso buscaba posicionarse para obtener el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, apenas meses después de ese gesto simbólico, el escenario internacional cambió drásticamente.

Del gesto diplomático a la tensión global

Hoy, a menos de 90 días del inicio del Mundial, la coyuntura geopolítica vuelve a poner en discusión algo que la FIFA intenta evitar desde hace décadas: que los conflictos internacionales condicionen el desarrollo del torneo.

La paradoja es evidente. El mismo dirigente que promovió la imagen del fútbol como herramienta de unión global es hoy quien debe gestionar un torneo atravesado por tensiones políticas que podrían afectar incluso la presencia de algunas selecciones.

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En ese tablero complejo, la situación de Irán funciona como síntoma de un problema mayor: cuando la política internacional escala, el deporte deja de ser una burbuja aislada.

En apenas unos meses, el escenario cambió de manera notable. Quien fue distinguido con un premio a la paz en el contexto del mayor evento del fútbol mundial aparece hoy como protagonista de decisiones y movimientos geopolíticos que influyen directamente en el clima internacional y, de manera indirecta, en la seguridad y la participación de países en el propio Mundial.

En ese entramado de diplomacia, intereses y tensiones globales, el fútbol vuelve a quedar en el centro de una paradoja: el mismo torneo que se presenta como símbolo de unidad entre naciones termina reflejando, con crudeza, cómo en la política internacional todo termina conectado con todo, y cómo en cuestión de meses los roles, los discursos y las responsabilidades pueden cambiar de manera radical, dejando al deporte como un escenario más de un tablero mucho más grande.

Por Gabriel Rotter.

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