Su madre, Blancalida Martínez, había compartido un conmovedor mensaje en redes sociales. "Feliz cumpleaños, Lucas. Que el mejor regalo de tus 9 años sea volver a casa con vida", escribió. Además, difundió un video grabado por los compañeros de escuela del niño, quienes le enviaron mensajes de apoyo y afecto.
El derrumbe que cambió todo
Lucas se encontraba con sus tíos disfrutando de un día de playa cuando ocurrieron los dos terremotos que golpearon al país. Al enterarse del sismo, su madre corrió hacia La Guaira y encontró una escena devastadora: el edificio donde estaba su hijo se había desplomado.
Desde ese momento, tanto Blancalida como el padre del niño, Marcos Gámez, permanecieron día y noche junto a los rescatistas, acompañando las tareas de búsqueda y compartiendo la angustia con otras familias que también aguardaban noticias de sus seres queridos.
En medio de la desesperación, la madre incluso logró ingresar a la zona de los escombros durante el séptimo día del operativo. Con casco de protección y acompañada por los rescatistas, descendió hasta el lugar donde creían que podía estar Lucas para intentar darle fuerzas.
"Pedí entrar porque necesitaba que él me escuchara. Empecé a gritarle: 'Estoy aquí, no te rindas, estamos acá con papá'", había relatado días atrás.
Una búsqueda que movilizó a rescatistas de distintos países
Las tareas de rescate estuvieron inicialmente a cargo de brigadas especializadas de El Salvador y Jordania. Sin embargo, cuando rescatistas argentinos que colaboraban en Venezuela conocieron la historia del niño, decidieron sumarse voluntariamente a la búsqueda durante sus horas de descanso.
Hasta último momento, los padres sostuvieron la esperanza de que Lucas hubiera quedado atrapado en un pequeño espacio entre los escombros que le hubiera permitido sobrevivir. Esa posibilidad alimentó la intensa búsqueda durante dos semanas.
Finalmente, este miércoles llegó la confirmación más dolorosa. El hallazgo del cuerpo de Lucas puso fin a 14 días de espera, incertidumbre y una lucha incansable de su familia, que nunca dejó de creer que el niño podía aparecer con vida.