El procedimiento comenzará con el análisis de la presentación realizada por la defensa. Luego, el organismo solicitará una respuesta formal del Estado argentino, que será canalizada a través de la Subsecretaría de Derechos Humanos. Tras estudiar ambas posiciones, los 18 expertos independientes que integran el comité emitirán una opinión sobre el caso.
Esa resolución no tendrá efectos inmediatos ni obligatorios sobre la condena. Los dictámenes del comité son considerados observaciones o recomendaciones internacionales y, aunque pueden generar responsabilidad internacional para el Estado y tener peso político y jurídico, no sustituyen las decisiones de los tribunales nacionales.
Los casos relevantes
La defensa de la expresidenta busca apoyarse en un antecedente relevante de la región: el caso de Luiz Inácio Lula da Silva. En 2022, el Comité de Derechos Humanos concluyó que en la causa Lava Jato se habían vulnerado derechos políticos y garantías de un juicio imparcial del exmandatario brasileño. No obstante, la anulación de las condenas de Lula no fue ordenada por la ONU, sino por el propio Supremo Tribunal Federal de Brasil debido a irregularidades vinculadas con la competencia del tribunal y la actuación del juez Sergio Moro.
Esa diferencia es central para entender las expectativas reales del planteo de Cristina Kirchner. Incluso si el comité emitiera un dictamen favorable, ello no implicaría automáticamente la nulidad de la sentencia argentina.
La elección de esta vía internacional también tiene consecuencias procesales. El derecho internacional impide que un mismo caso sea tramitado simultáneamente ante distintos foros multilaterales. Por ese motivo, al avanzar ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, la defensa debe desistir de recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del sistema de la OEA.
La diferencia entre ambos mecanismos no es menor. Mientras el sistema de Naciones Unidas concluye con dictámenes no vinculantes, el sistema interamericano cuenta con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuyas sentencias sí tienen carácter obligatorio para los Estados que reconocen su jurisdicción, entre ellos la Argentina.
Por ahora, el expediente internacional recién comienza y no tendrá una resolución en el corto plazo. Especialistas estiman que el trámite podría extenderse durante varios años, por lo que la discusión en Ginebra se desarrollará en paralelo a la ejecución de la condena firme dictada por la Justicia argentina.