La consecuencia se trasladó directamente a la producción. En agosto se obtuvieron alrededor de 248.000 toneladas de carne res con hueso, un 8,7% menos que un año atrás. Entre enero y agosto, la producción acumulada llegó a 1,944 millones de toneladas, con una caída interanual del 6,8%.
El mayor peso promedio de los animales permitió amortiguar parcialmente el impacto. Las reses alcanzaron en agosto un promedio de 246 kilos en gancho, pero no fue suficiente para compensar la menor cantidad de animales faenados.
El mercado externo crece mientras el interno retrocede
El otro movimiento que está modificando el escenario es el avance de las exportaciones. Durante los primeros ocho meses de 2026, los embarques de carne vacuna habrían alcanzado 567.400 toneladas res con hueso, un 6,5% más que en el mismo período del año pasado.
Ese crecimiento implica que una porción cada vez mayor de la producción encuentra destino en el mercado externo, mientras los despachos destinados al consumo interno se redujeron 11,3%.
Estados Unidos se convirtió en uno de los motores de esta expansión. En julio, las exportaciones argentinas hacia ese país alcanzaron las 11.339 toneladas peso producto, con un crecimiento interanual del 336,9%.
El salto estuvo impulsado por el nuevo cupo de 100.000 toneladas otorgado por Estados Unidos. Israel también registró un fuerte crecimiento en sus compras, mientras China continuó siendo el principal destino aunque redujo sus adquisiciones.
Una carne cada vez más cara frente al pollo
La menor oferta también tiene su reflejo en los precios. En agosto, el valor de la hacienda en pie en el Mercado Agroganadero de Cañuelas promedió $3.833,7 por kilo vivo, un 46% más que un año atrás.
En las góndolas, el aumento fue todavía mayor. Los cortes de carne vacuna acumularon una suba interanual del 51,2%, mientras que el pollo entero aumentó 24,2%. La diferencia modificó la relación entre ambos productos: la carne vacuna se encareció 21,8% más que el pollo en términos relativos.
Ese cambio de precios tiene una consecuencia directa sobre los consumidores. Para muchas familias, la carne vacuna dejó de ocupar el mismo lugar que históricamente tuvo dentro de la alimentación y comenzó a competir con alternativas más económicas.
El dato que marca el cambio de hábitos
El consumo de carne vacuna se ubica actualmente en 46 kilos por habitante al año, uno de los niveles más bajos de los últimos años. El dato permite observar el fenómeno más allá de la evolución mensual de los precios: Argentina continúa siendo un país con fuerte tradición ganadera, pero cada vez se consume menos carne vacuna por persona.
La combinación de una oferta más reducida, precios que aumentan por encima de otras carnes y una mayor orientación de la producción hacia los mercados externos está modificando el equilibrio tradicional.
El interrogante que queda planteado es si se trata principalmente de un fenómeno asociado al actual ciclo ganadero o si la Argentina está atravesando un cambio más permanente en la manera en que sus habitantes consumen carne.