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Dramático: viajó 14 horas en ambulancia junto al ataúd de su beba

Con el cuerpo de su beba sin vida, fue trasladada de Buenos Aires a Neuquén. Ahora su hijo está en shock y dice que quiere morirse junto a su hermanita.

El dramático relato de una madre que vivió 14 horas de terror, junto al cuerpo de su beba sin vida en el habitáculo de una ambulancia. Fue trasladada junto con uno de sus hijos y el ataúd que trasladaba a su pequeña. El hijo quedó en shock tras la situación.

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Alma Génesis Taina Arratia tenía 1 año, era la menor de cuatro hermanos -Bautista (6), Samuel (12) y Micaela (14)- y vivía junto a sus padres, María del Carmen Serna, y Jorge Eduardo Arratia en Zapala, Neuquén. Debido a su cruda enfermedad, ambos tuvieron que dejar sus trabajos para acompañarla a Buenos Aires. Jorge es albañil, pero se quedó sin trabajo por la cuarentena y ahora vive de changas. “Los materiales están tan caros que la gente ya no construye. Yo hago tareas de limpieza”, contó María del Carmen.

Apenas nació, la mujer notó que su hija tenía un pequeño bulto sobre la piel de sus costillas. Nunca se imaginó toda la angustia que la esperaba. Durante tres meses, pidió que le hicieran una resonancia magnética en Neuquén, aunque asegura que no se la querían hacer porque creían que tenía obra social. Finalmente, accedieron a hacerle el estudio y, de inmediato, los médicos pidieron su traslado a Buenos Aires, donde Alma fue internada en el Hospital Garrahan.

El diagnóstico terminó siendo demoledor: se trataba de un tumor rabdoide teratoide atípico (TRTA), un tumor canceroso raro y de rápido crecimiento en el cerebro y la médula espinal. Con apenas un año y tres meses, después de haber resistido varias cirugías y sesiones de quimioterapia, su corazón se detuvo. Murió el 11 de octubre.

La tristeza de su partida caló hondo en sus padres, pero también, en sus tres hermanos. Sobre todo en el menor, Bautista, de 6 años, que acompañó a su hermana en la internación en Buenos Aires y que viajó sentado junto a su ataúd unas 14 horas para volver a Neuquén. Una parte de ese viaje tuvo que hacerlo a oscuras, ya que en el medio de la ruta se hizo de noche y el chofer de la ambulancia no permitió que se encendiera la luz, a pesar de que el niño le tiene miedo a la oscuridad.

-¿Cómo empezó todo?

-Cuando Alma nació -el 24 de junio de 2019- vi que en las costillas tenía un pedacito de carne que me llamó la atención. Soy de Zapala, así que la llevé a Neuquén para ver qué era. Me dijeron que no tenía que preocuparme porque era una malformación linfática, que se podía operar pero que había que esperar a que Alma cumpliera 6 meses. Me quedé tranquila. Pero después mi hija se puso mal. Cuando tenía 3 meses empezó a hacer muchos gestos con la cara y la llevé al pediatra: ahí empezó todo. Los gestos que hacía eran convulsiones y llegó a tener 30 por día. Quedaba cansada y vivía medicada, durmiendo. Primero, nos dijeron que tenía epilepsia refractaria, pero vimos que los remedios no le hacían nada. La diagnosticaron en Zapala sin hacerle una resonancia. Fue una pelea porque era un estudio urgente y estuvo internada mucho tiempo esperando. Me decían que yo tenía obra social y que por eso no se la podían hacer, pero yo no tengo nada. Por lo menos, se perdieron tres meses. Finalmente, el 28 de septiembre conseguimos que se la hicieran y vieron que tenía una masa muy grande en la cabeza. La llevaron a terapia y el médico me dijo que no sabía si iba a sobrevivir. Como su cuadro era tan grave, al otro día temprano la llevaron a Buenos Aires. La derivaron al Hospital Garrahan.

-¿Qué le dijeron los médicos del Hospital Garrahan?

-Neuquén nos mandó a Buenos Aires en avión sanitario. La atención en el Hospital fue muy buena y enseguida la empezaron a estudiar. Le hicieron una biopsia a ese pedacito de carne que tenía en las costillas y que yo le había visto cuando nació. Finalmente, la operaron de un tumor en la cabeza, lo sacaron casi todo pero quedó un poquito. Los oncólogos nos dijeron que era un tumor muy malo, grado 4. Se llama rabdoide teratoide atípico. Le hicieron quimioterapia pero desde un principio nos dijeron que no sabían si se iba a salvar. Las sesiones son fuertes, pero ella las aguantó muy bien. Tenía solo 4 meses. Ese pedacito de carne que yo le veía en las costillas, y que cada vez iba creciendo más, terminó siendo parte del tumor. Evidentemente, nació con ese tumor e hizo metástasis.

-¿Y luego que sucedió?

-Los tumores se empezaron a achicar y estaba mejor, pero después apareció un tercer tumor en la columna y uno nuevo en la cabeza. En total fueron cuatro. Hizo metástasis por todos lados. Siguió con la quimioterapia y, cuando estaban por hacerle un autotrasplante de médula, Alma se agarró un virus respiratorio. Hubo que esperar un mes para que se recupere, pero ahí empezó a desmejorar. Vieron que tenía líquido linfático en la cabeza, así que le implantaron una válvula para drenarlo. Era el tumor... había vuelto a crecer. Nos dijeron que no se podía hacer nada y que no había manera de vencerlo. En un mes, el tumor había crecido y, encima, le habían salido muchos más. La válvula se le infectó y hubo que volver a operarla. Hacía movimientos involuntarios, dormía todo el tiempo, tenía mucha fiebre, le costaba respirar y ya no quería comer... Así, estuvo quince días y no había otra cosa que hacer: solo que los médicos nos acompañaran y le dieran una medicación para los dolores. El 11 de octubre mi hija falleció. Como papás, tuvimos esperanza hasta el último momento. Alma peleó muchísimo, con tantas cirugías en su cabecita y todos los tratamientos... Fue un gran ejemplo de lucha, era una guerrera... pero ese tumor no tiene solución. Ella nos enseñó a seguir luchando y me siento muy orgullosa de mi hija.

-¿Cómo habló de la muerte de Alma con sus otros hijos?

-Los más grandes entienden un poco más, pero Bautista es el más chiquito; apenas tiene 6 años y le cuesta mucho comprender lo que pasó. Me dijo que quería morirse para ir a jugar con su hermanita. Ellos jugaban todo el tiempo y él ahora busca sus juguetes... Bautista le bailaba y ella se reía todo el tiempo. Llora mucho y hasta tiene momentos en los que se pone agresivo. Me pregunta todo el tiempo por su hermana... Yo no sé qué decirle.

FUENTE: Infobae