"Inicialmente estábamos estudiando TRPV4 en el contexto del dolor", explicó Gualdani. "Pero en lugar de un fenotipo de dolor, lo que emergió claramente fue una interrupción del picor, específicamente, cómo se regula el comportamiento de rascarse".
TRPV4 y el sistema nervioso
TRPV4 es parte de una familia de canales iónicos que funcionan como pequeños portones moleculares en las células nerviosas sensoriales. Estos canales permiten que los iones se muevan a través de las membranas celulares en respuesta a cambios físicos o químicos. Ayudan al sistema nervioso a detectar sensaciones como temperatura, presión y estrés en los tejidos.
Durante años, los científicos sospecharon que TRPV4 juega un papel en la percepción de la estimulación mecánica, pero su participación en el picor, especialmente en el picor crónico, había permanecido poco clara y muy debatida.
Para investigar más precisamente, el equipo de Gualdani creó ratones genéticamente modificados en los que se eliminó TRPV4 solo de las neuronas sensoriales. Estudios anteriores habían eliminado la molécula en todo el cuerpo, dificultando la determinación exacta de dónde estaba actuando.
Utilizando análisis genéticos, imágenes de calcio y pruebas de comportamiento, los investigadores encontraron que TRPV4 aparece en neuronas sensibles al tacto conocidas como Aß de bajo umbral mecanorreceptores (Aß-LTMRs). El canal también estaba presente en ciertas neuronas conectadas a las vías del picor y el dolor, incluidas las neuronas que expresan TRPV1.
Por qué a veces el rascado no se detiene
El equipo luego creó una condición de picor crónico en ratones que se asemejaba a la dermatitis atópica. Los resultados sorprendieron a los investigadores. Los ratones que carecían de TRPV4 en las neuronas sensoriales rascaron menos a menudo en general, pero cada episodio de rascado duró mucho más de lo normal.
"A primera vista, eso parece paradójico", dijo Gualdani. "Pero en realidad revela algo muy importante sobre cómo se regula el picor".
Según el estudio, TRPV4 no simplemente crea la sensación de picor. En cambio, parece ayudar a activar una señal de retroalimentación negativa en las neuronas mecanosensoriales. Esta señal informa a la médula espinal y al cerebro que rascarse ha proporcionado suficiente alivio.
Sin ese sistema de retroalimentación, la sensación de satisfacción al rascarse se debilita, lo que provoca que el rascado continúe durante períodos prolongados. Los investigadores afirman que TRPV4 podría, por lo tanto, funcionar como parte del mecanismo interno del sistema nervioso de "detener el rascado".
"Cuando rascamos un picor, en algún momento nos detenemos porque hay una señal de retroalimentación negativa que nos dice que estamos satisfechos", explicó Gualdani. "Sin TRPV4, los ratones no sienten esta retroalimentación, por lo que continúan rascándose mucho más de lo normal".
Implicaciones para tratamientos de picor crónico
Los hallazgos también sugieren que TRPV4 tiene un papel más complicado en el picor de lo que se creía anteriormente. En las células de la piel, el canal puede ayudar a desencadenar sensaciones de picor. Sin embargo, en las neuronas, parece ayudar a controlar y limitar el comportamiento de rascarse.
Esa distinción podría ser importante para futuros desarrollos de medicamentos.
"Esto significa que bloquear TRPV4 de manera general no puede ser la solución", señaló Gualdani. "Las terapias futuras pueden necesitar ser mucho más específicas, quizás actuando solo en la piel, sin interferir con los mecanismos neuronales que nos dicen cuándo detenernos".
El picor crónico afecta a millones de personas que viven con condiciones como eczema, psoriasis y enfermedades renales, pero las opciones de tratamiento siguen siendo limitadas. Los investigadores creen que entender cómo el cuerpo controla el picor, incluidos los señales que nos indican cuándo dejar de rascarse, podría eventualmente llevar a terapias más efectivas.