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Fueron días inolvidables para el Presidente, Francisco le ofreció más tiempo que a cualquier otro colega que se haya arrimado por el Vaticano. Por otro lado, Cristina manifestó que es el político que mejor está haciendo las cosas en términos políticos. Nos vamos a quedar con estas últimas declaraciones que son las válidas, las de ayer tienen más que ver con su estado de animo de verlo al Padre Jorge acariciándole la peluca al Showman de la Rosada.

Hasta hoy se está preguntando el establishment político y económico qué hay detrás de semejantes señales. Y por si fuera poco, las intenciones del libertario de fusionar al PRO parecieran que van en serio. Entre felinos se entienden, llego la hora de converger. La Argentina da para todo y la moneda está en el aire.

Los golpes de efecto que viene produciendo el presidente Milei hasta ahora le están dando algunos dividendos. La centralidad política la tiene, solo tienen que llegar los goles. La derrota legislativa, aunque se la quiera vender como victoria, movió el avispero. La Ley Bases pasó a mejor vida. Le sirvió para extremar, como nos tiene acostumbrados la casta política, la polarización.

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Algunos, desde el propio oficialismo, empiezan a hablar que la administración está paralizada por falta de gestión. El propio Milei tuvo que salir a ratificar que su ministro político sigue en cancha. El que, por el momento, está salvando la ropa es su ministro de Economía, a pesar de lo previsto, está firme como rulo de estatua. Le está brindando los resultados que Milei esperaba. Un superávit primario de las cuentas públicas, gracias a que la inflación le licuo los salarios de los jubilados, empleados públicos y los recursos de las provincias.

Aun se sigue analizando si la decisión de bajar de toda discusión la Ley de Bases fue acertada o no. Los gobernadores no salen del asombro, nunca hubo tanto consenso para avanzar en una desregulación. Aunque se aprobaran menos artículos de lo que esperaba el Gobierno, sobre todo a las referidas a privatizaciones o fideicomisos. Algunos de los profesionales de la política piensan por lo bajo que, en realidad, Milei no quería la ley.

Lo cierto, es que la confianza en el espacio está quebrada y no va a resultar sencillo recuperarla.

La idea de fortalecer en Diputados la tropa después del fracaso, volvió a reinstalar la posibilidad de sellar un acuerdo con los diputados que responden al expresidente Macri. El número no le alcanzaría para forzar mayorías, pero potenciaría un interbloque que sí serviría para incomodar a la oposición blanda y arrinconarla a elegir entre acompañar las leyes del ejecutivo o votar con el Kirchnerismo.

Milei intenta con el acercamiento al PRO forzar un ordenamiento del escenario político bajo la fachada de un gobierno de coalición. Va a requerir de una negociación de cúpulas que tendrá que ser avalada por gobernadores y legisladores, no se ve fácil y tampoco ayuda mucho cuando Milei define a este “ordenamiento político” entre los que están con el cambio y quienes quieren seguir con el robo. Habrá que ver si esta manera de liderar del presidente, a Dios rogando y con el mazo dando, da los frutos que espera.

La expresidenta observa estos movimientos con mucha atención. Mira encuestas que señalan que la opinión pública no ve nítidamente quién lidera a la oposición. Mira a la oposición “racional”, visto a lo sucedido en Diputados, si persiste en seguir desangrándose y, por otro, al Macrismo cerrando con el Gobierno.

Aparecen los interrogantes. ¿Quién quedaría del lado de enfrente? ¿Si el Gobierno no logra domar la inflación y aumenta el descontento social, qué sector se vería favorecido?

¿Si el presidente Milei no logra una gobernabilidad sólida, qué espacio político se perfilaría como opción?

Todo indica que al peronismo. Aun con todas las adversidades que presenta, las causas judiciales de la expresidenta, el peronismo deshilachado y la herencia que dejó el gobierno de los Fernández.

A su regreso triunfal, de este Milei que le va mucho mejor afuera que adentro, señalo que no va a existir ningún cogobierno porque el que manda es él, que a mediados de año se levanta el cepo y que la dolarización está más cerca de lo que se cree. Mientras tanto, la Argentina tiene dos problemas centrales: la educación y la economía.

La primera, además de su crisis estructural, está la coyuntura. Al quedar en el limbo la ley ómnibus, quedaron suspendidas las medidas sobre el sector. No se sabe cómo se va a resolver el tema del fondo de incentivo docente. Si no hay un cambio de escenario, todo indica que se encamina a un inicio de clases con conflictos.

Sobre la segunda, ante el traspié legislativo, reaparecieron las dudas de parte del sector sobre las posibilidades de parte del Gobierno de implementar las reformas que se tenían pensadas. Hace una década que el país no crea empresas, o sea, empleo formal. ¡La Argentina tiene la necesidad imperiosa de contar con más empresas!