La primera fue Italia, que se coronó en 1934 y repitió el título en Francia 1938 bajo la conducción de Vittorio Pozzo. La segunda fue Brasil, campeón en Suecia 1958 y nuevamente en Chile 1962, con un equipo que pasó de la irrupción de Pelé al liderazgo de Garrincha tras la lesión del astro brasileño.
Desde aquella consagración brasileña en 1962, ningún campeón pudo repetir la historia.
Argentina ya había estado muy cerca en Italia 1990, cuando, tras conquistar el Mundial de México 1986, alcanzó otra final, aunque cayó frente a Alemania. Décadas más tarde, Francia tampoco pudo conseguirlo: luego de ganar Rusia 2018, perdió la final de Qatar 2022 justamente ante la Selección de Lionel Scaloni.
La dificultad quedó reflejada también en otros campeones recientes. Alemania, España, Italia y Francia incluso quedaron eliminados en fase de grupos en la defensa de sus respectivos títulos, lo que demuestra la enorme exigencia que implica sostenerse en la cima del fútbol internacional.
En ese contexto, el recorrido de Argentina en el Mundial 2026 también adquiere un valor especial. El equipo volvió a instalarse entre los dos mejores del planeta y disputó una nueva final, aunque esta vez España fue quien terminó levantando el trofeo.
El bicampeonato seguirá esperando. Una marca histórica que permanece intacta desde hace más de seis décadas y que confirma que, en los Mundiales, llegar a la cima es difícil, pero mantenerse allí lo es todavía más.