Juan Fernández, de 38 años y empleado de la administración pública en Sevilla, afirmó vivir en “la incertidumbre” respecto a su futura jubilación y dijo oponerse a una reforma del sistema que abra la vía a la privatización, con “ganancias o pérdidas”.
“Las pensiones públicas son inamovibles”, sostuvo por su parte Pilar, una prejubilada de 64 años que prefirió no dar su apellido y lamentó que “la tendencia es a privatizarlo todo”.
También celebró que “el tema de la vivienda ha movilizado” en las últimas semanas, especialmente entre los jóvenes, un segmento que “ha despertado”, dijo, antes de llamar a “defender todo lo público”, como la educación y la sanidad.
Sin embargo, la protesta juvenil convocada a través de redes sociales en el centro de Barcelona terminó en una jornada de disturbios, con saqueos a comercios, incendios de contenedores, daños al mobiliario urbano y enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra. La concentración, que reunió a decenas de jóvenes en la plaza de Cataluña, se desarrolló bajo el lema Institut Indignats, inspirado en el movimiento francés Lycéens Indignés, vinculado a las movilizaciones estudiantiles que se han extendido durante las últimas semanas en Francia.
La convocatoria no contó con un organizador oficial identificado, sino que surgió de la coordinación informal de jóvenes a través de distintos canales de redes sociales. La mayoría de los asistentes vestía de negro y, a medida que avanzó la tarde, algunos grupos comenzaron a protagonizar actos vandálicos. Según fuentes de la policía catalana, los incidentes obligaron al despliegue de unidades antidisturbios para contener los disturbios y dispersar a los manifestantes, varios de los cuales respondieron lanzando piedras y otros objetos contundentes contra los agentes.
La intervención policial provocó que los concentrados se dispersaran en pequeños grupos por las calles aledañas a la plaza, mientras los antidisturbios perseguían a algunos de ellos y efectuaban cargas. La situación se agravó con el paso de las horas: manifestantes con el rostro cubierto intentaron saquear establecimientos, rompieron escaparates y prendieron fuego a elementos del mobiliario urbano y a toldos de las terrazas. También se reportaron pequeños incendios y explosiones de baterías de bicicletas eléctricas de alquiler estacionadas en la plaza.
Los disturbios sorprendieron a cientos de personas que se encontraban en el centro de Barcelona durante la tarde del sábado, entre ellas numerosos turistas y ciudadanos que paseaban por la zona sin conocer la convocatoria. Algunos quedaron atrapados dentro de El Corte Inglés y otros establecimientos comerciales, cuyos responsables bajaron las persianas para proteger los locales ante el aumento de los actos vandálicos. La Apple Store situada en la esquina con el paseo de Gràcia había adoptado esa medida desde las primeras horas de la tarde, mientras otros negocios cerraron sus accesos a medida que se intensificaban los enfrentamientos.
Los incidentes en Barcelona se producen en un contexto de movilizaciones juveniles y disturbios registrados en distintas ciudades europeas, especialmente en Francia e Italia.
En territorio francés, las protestas de las últimas semanas han estado acompañadas de episodios de violencia y saqueos de comercios, lo que ha llevado a numerosos establecimientos a reforzar sus fachadas con tableros de madera y otras medidas de protección.