El alcance es amplio: incluye desde el gobernador y vicegobernador hasta legisladores, ministros, secretarios, directores, asesores y personal de la administración pública provincial.
Además, la resolución fija un protocolo específico para los casos en que los análisis arrojen resultados positivos. En esas situaciones, se dará intervención a la Secretaría de Salud Mental y Adicciones, que evaluará las acciones a seguir.
El esquema reglamenta la Ley N° 10.954, que establece la obligatoriedad de estos controles, con un plazo límite anual para su presentación hasta el 31 de marzo, o dentro de los 60 días hábiles desde la asunción en el cargo.
Más allá del alcance local, la medida se inscribe en una tendencia nacional. Actualmente, al menos 12 provincias aplican controles similares de consumo de sustancias, principalmente sobre funcionarios políticos y fuerzas de seguridad. Sin embargo, Córdoba se diferencia al incorporar una sanción directa sobre el salario, algo que hasta ahora no se había implementado con este nivel de rigidez.
La decisión marca un endurecimiento en los mecanismos de control interno del Estado y abre el debate sobre los límites y alcances de este tipo de exigencias en la función pública.