La lógica oficial es que medir menos veces, pero con mayor profundidad, permitirá que los resultados no queden solo en estadísticas, sino que tengan un uso concreto dentro del aula. En ese sentido, también se modificará la frecuencia de los reportes: las escuelas recibirán informes completos cada cuatro años, en línea con las evaluaciones censales, lo que cambia la dinámica con la que se venía trabajando.
El plan pone el foco en la alfabetización inicial, considerada una de las principales debilidades del sistema. El cronograma establece:
- 2026: evaluación censal en tercer grado de primaria
- 2027: evaluación en último año de secundaria
- 2028-2029: mediciones muestrales
- 2030: nueva evaluación censal en primaria
La decisión se alinea con la necesidad de monitorear el aprendizaje en los primeros años escolares, donde se definen las competencias básicas.
La decisión cobra especial relevancia en San Juan si se observa el antecedente más reciente. Hace un año, los resultados de la prueba Aprender Alfabetización mostraron un escenario complejo: apenas el 37% de los alumnos de tercer grado alcanzó los niveles esperados en comprensión lectora. El dato no solo quedó por debajo del promedio nacional, sino que además evidenció que una proporción significativa de estudiantes presenta dificultades para interpretar textos simples.
Ese diagnóstico expuso una brecha estructural, asociada en gran medida a las condiciones socioeconómicas, y dejó en evidencia que el problema no es coyuntural. En muchos casos, los alumnos logran reconocer palabras, pero no comprender su significado dentro de un texto, lo que limita todo el proceso de aprendizaje posterior.
En ese contexto, la reforma del sistema de evaluación aparece como un intento de ordenar las mediciones y, al mismo tiempo, orientar las políticas educativas hacia resultados más concretos. El desafío no es solo medir mejor, sino lograr que esos datos se traduzcan en mejoras reales dentro del aula.