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Sin Maduro como sostén, Cuba negocia con Trump en un escenario crítico

Tras la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos y Cuba retomaron contactos reservados. Trump y Díaz-Canel analizan una agenda limitada, atravesada por la crisis en la isla y las presiones políticas en ambos países.

La captura de Nicolás Maduro modificó el equilibrio político en la región y reconfiguró el mapa de alianzas en el Caribe. Con Venezuela fuera de juego como principal sostén de Cuba, Donald Trump volvió a posar su mirada sobre La Habana y activó negociaciones discretas con el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Aunque los contactos se manejan con fuerte hermetismo, fuentes diplomáticas coinciden en que ambas partes avanzan sobre una agenda acotada, pragmática y marcada por urgencias económicas y políticas.

No se trata, por ahora, de una normalización plena de relaciones, sino de un intento por reducir tensiones y establecer reglas mínimas de convivencia. Para Estados Unidos, el acercamiento responde a una combinación de estrategia regional y necesidades internas.

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Trump busca reforzar su imagen de liderazgo en el hemisferio occidental, mostrar firmeza frente a gobiernos considerados adversarios y, al mismo tiempo, abrir la puerta a concesiones puntuales que le permitan exhibir resultados en política exterior.

En un año electoral sensible, cualquier avance diplomático puede transformarse en una carta política clave.

Una Cuba en crisis

Del lado cubano, el escenario es mucho más delicado. El gobierno de Díaz-Canel atraviesa una de las peores crisis económicas de las últimas décadas, con escasez de alimentos, energía y divisas, además de un creciente malestar social.

La situación se agravó tras la caída de Maduro, principal aliado de la isla. Luego de ese episodio, se interrumpió el envío de petróleo y apoyo financiero desde Venezuela, dejando a Cuba sin uno de sus pilares económicos.

Desde diciembre pasado, el ingreso de combustible es prácticamente nulo. Los apagones, que en algunos casos superan las 48 horas, se volvieron parte de la vida cotidiana.

Qué se negocia

Según trascendió, las conversaciones giran en torno a cuatro ejes centrales:

  • Migración

  • Cooperación en seguridad regional

  • Comercio limitado

  • Alivios humanitarios

No hay, al menos por ahora, avances en temas estructurales como el embargo o una reapertura diplomática completa. El objetivo es ganar tiempo, aliviar tensiones y evitar un deterioro mayor de la relación.

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La historia reciente condiciona las negociaciones. Durante su primera presidencia, Trump revirtió buena parte del acercamiento impulsado por Barack Obama, lo que dejó una fuerte desconfianza en La Habana.

Cuba reclama garantías de continuidad, algo difícil de ofrecer en el sistema político estadounidense, donde los cambios de gobierno suelen alterar las políticas exteriores.

Presiones internas y regionales

En paralelo, el exilio cubano en Estados Unidos sigue de cerca cada movimiento. Cualquier gesto hacia el régimen genera resistencias en sectores clave del electorado republicano, lo que limita el margen de maniobra de Trump.

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En América Latina, el diálogo también es observado con atención. Varios gobiernos cuestionan el aislamiento como herramienta política y reclaman un cambio de enfoque hacia la isla.

Para Díaz-Canel, mostrarse dispuesto a dialogar es una señal hacia afuera y hacia adentro: intenta transmitir apertura sin ceder en los pilares ideológicos del régimen ni admitir debilidades estructurales.

Sin embargo, en recientes declaraciones reconoció que la situación energética es casi dramática, una admisión poco habitual en el discurso oficial. Las negociaciones avanzan con cautela, pasos cortos y expectativas moderadas. Más que un giro histórico, el proceso apunta a administrar la tensión y evitar una ruptura total.

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“Creo que vamos a llegar a un acuerdo. Veremos qué pasa”, afirmó Trump, dejando abierta una puerta que, una vez más, parece entreabierta pero frágil.