Uno de los puntos más cuestionados es la restricción en la circulación interna. Los periodistas ya no pueden desplazarse por sectores clave del edificio ni acceder al balcón del primer piso, desde donde se observaba el movimiento en áreas centrales. Además, los vidrios que daban al Patio de las Palmeras fueron cubiertos, lo que impide visualizar ingresos y salidas de funcionarios.
Desde distintos sectores del periodismo acreditado señalaron que las nuevas condiciones fueron comunicadas de manera informal y remarcaron que el esquema reduce la posibilidad de observar la actividad oficial dentro del edificio.
En esa línea, el periodista Fabián Waldman advirtió que quienes históricamente transitaban los pasillos de la sede gubernamental “ya no pueden hacerlo” y cuestionó el alcance del operativo de seguridad.
También se registraron situaciones de conflicto con acreditaciones: algunos trabajadores de medios nacionales, pese a contar con permisos aprobados, no pudieron ingresar en la primera jornada bajo el nuevo esquema.
El endurecimiento de las condiciones se da en un contexto de tensión entre el gobierno de Javier Milei y el periodismo, tras el cierre inédito de la sala durante once días y denuncias oficiales vinculadas a presunto espionaje.
En este escenario, la reapertura no implicó una normalización plena, sino la implementación de un sistema más restrictivo que redefine el acceso a la información dentro de la Casa Rosada.