Con el comienzo de los cruces eliminatorios, esa rutina empezó a modificarse. Tras el triunfo sobre Cabo Verde, la delegación permaneció en Miami para reducir los traslados y luego viajó directamente a Atlanta para afrontar el duelo de octavos frente a Egipto. Sin embargo, antes de los cuartos de final, la Selección volvió una vez más a Kansas, el lugar que ya sentía como propio.
La victoria agónica por 3-1 sobre Suiza, conseguida en el tiempo suplementario, fue también el último partido con Kansas como punto de referencia. Desde ahora, el camino cambia definitivamente.
La Selección ya no volverá a instalarse en la ciudad que la acompañó durante casi un mes. El próximo destino será Atlanta, donde este miércoles protagonizará uno de los partidos más esperados del Mundial: la semifinal frente a Inglaterra, un clásico cargado de historia, recuerdos y rivalidad que volverá a paralizar al fútbol.
El resultado de ese encuentro también definirá el último viaje argentino en la Copa del Mundo. Si consigue superar a los ingleses, la Scaloneta irá rumbo a Nueva Jersey para disputar la gran final. Si no logra avanzar, viajará a Miami para jugar el partido por el tercer puesto.
Por eso, la publicación de Messi tuvo una carga emocional distinta. No fue simplemente una foto del entrenamiento. Fue la manera de cerrar un capítulo importante del Mundial. En Kansas comenzó el sueño de defender el título obtenido en Qatar, allí se fortaleció la convivencia del grupo y se construyó gran parte del camino que hoy tiene a la Argentina entre los cuatro mejores del planeta.
Ahora el escenario cambia. El búnker quedó atrás y el desafío será todavía mayor. En Atlanta espera Inglaterra, en otra página de una rivalidad histórica. Y con Messi al frente, la ilusión argentina sigue intacta.