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Vamos a arrancar contradiciendo a los eternos vendedores de caramelos de madera que desde hace una semana intentan quemarle la cabeza a Doña Rosa que no se viene ningún infierno. Hace tiempo que ya hay muchos compatriotas a los que dejaron sin asado, flan o polenta. Incluso sin esperanzas.

¿Ante cada cambio de gobierno alguna vez podremos escaparle a la arenga de la pesada herencia?

Es cierto que con cada gobierno que pasa la economía va quedando más abollada para el que sigue. La argentina es un rompecabezas con dificultades para cualquier armado sino no se puede comprender por qué existen tantas demandas insatisfechas desde donde se quiera o se acepte mirar. Con lo cual, en algún momento, habrá que desandar tanto desencuentro y ponerse a ordenar el desorden que las distintas gestiones vienen profundizando desde hace un buen tiempo.

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El país no tiene reservas ni financiamiento y si le agregamos la pérdida de confianza es un combo difícil de digerir. Tal vez lo más curioso del fenómeno Milei sea, que a contramano de lo que sostienen los manuales de la política, apenas asumido nos está planteando el más crudo de los panoramas y sin hipocresías lo que se nos viene encima. Se verá a donde nos conduce su gobierno, lo que no se puede negar es que Milei en campaña y ahora en el poder hablo de lo mismo, aunque no compremos sus ideas o ahora su receta económica. El discurso dado en las escalinatas del Congreso como estrategia para compensar su debilidad en el recinto lo obliga, hasta que lleguen resultados económicos tangibles para mostrar, robustecer su propio relato político.

Hablo de economía de guerra o de insistir con la misma receta camino a una explosión. No hay término medio para el presidente. En ese marco se vieron las dificultades que tuvo en su momento para completar el equipo económico que, además, comulgara con su mirada. El plan con las primeras medidas hubo que retocarlo muchas veces desde el inicio de la gestión que llega con un mandato social claro: bajar la inflación e instalar al país en una senda de crecimiento.

Milei prendió una mecha sobre donde estamos parados, pero a su vez necesita comprar tiempo y experiencia. Su decisión sobre el camino a tomar es clara, shock fiscal grande. El recorte del gasto para lograr alcanzar un equilibrio en las cuentas el año próximo es necesario, pero no suficiente para resolver el principal desafío de Milei que es escaparle a una hiperinflación.

La discusión política que se ha planteado en torno a las medidas adoptadas por el gobierno tocan aristas interesantes en un país donde la simbología tiene su peso específico. Se hacen cuentas sobre cuanto se ahorra con el achique del organigrama del estado y lo que se busca detrás de esto es ahorrar capital político más que económico. La señal de austeridad garpa para una ciudadanía que es lo que más reclama de la política.

Se puede cuestionar la propuesta del ordenamiento que está planteando el presidente, pero es muy impresionante escuchar a los que incubaron o fueron cómplices del desorden político y económico cuestionar dicha propuesta de orden. Aunque se disienta con su metodología.

También es cierto que se han abierto muchas preguntas al respecto del ajuste. No está muy claro en qué lugar quedó la gente y hasta donde le alcanza a “la casta”, esto se puede ver reflejado con un sector privado protegido por la política. Es un tema interesante para seguir por qué bien sabemos que contrariamente necesitamos de un sector privado más vigoroso.

Los desequilibrios acumulados son tantos, ya insostenibles en algunos casos, que sabemos que corregirlos produce costos. Por otro lado, nos lleva a reflexionar que de seguir insistiendo con este esquema no vamos a salir más. La posibilidad de contar con un respaldo a las medidas de ajuste en el Congreso por legisladores y gobernadores de la oposición puede que modifiquen el esquema de negociación rígida que está planteando el Presidente.

Vienen meses más duros que los actuales, habrá que ver como la sociedad los absorbe.