La dificultad comienza incluso antes de ingresar a una fiscalía. Según explicó, muchas mujeres deben atravesar un largo proceso para reconocerse como víctimas. Esto ocurre porque la violencia no suele comenzar con una agresión física visible, sino con conductas que pueden parecer aisladas o normalizadas dentro de una relación.
La violencia psicológica, económica o ambiental suele preceder a los golpes. Cuando aparecen las lesiones, que constituyen uno de los delitos más denunciados en la provincia, la situación generalmente lleva tiempo instalada.
“Esa violencia que se mantuvo puertas adentro ya se manifiesta para el exterior y ya es más fácil pedir ayuda”, explicó Ruiz.
El problema es que la decisión de denunciar no depende únicamente de identificar la violencia. También intervienen factores emocionales, económicos y familiares. En la mayoría de los casos, el agresor es una persona con la que la víctima mantiene o mantuvo un vínculo afectivo.
Por eso, además del miedo, aparecen sentimientos de culpa, dependencia económica, temor a las consecuencias familiares o incertidumbre sobre el futuro.
Desde CAVIG reconocen que muchas mujeres llegan a realizar la denuncia pero luego encuentran dificultades para sostener el proceso judicial. La fiscalía registra situaciones frecuentes de víctimas que inicialmente impulsan una causa y luego manifiestan reticencias para continuar.
La explicación vuelve a encontrarse en el denominado círculo de violencia, una dinámica que alterna episodios de agresión con momentos de arrepentimiento, reconciliación o promesas de cambio.
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A ello se suma otro aspecto que los especialistas consideran central: la necesidad de contar con redes de contención.
“Si no tiene el acompañamiento necesario, también es muy difícil que vaya a hacer la denuncia y ni hablar después sostener ese proceso”, advirtió Ruiz.
Paradójicamente, el camino que comienza con la denuncia tampoco resulta sencillo. Declaraciones, entrevistas, pericias y comparecencias judiciales forman parte de un recorrido que muchas veces obliga a las víctimas a revivir los hechos en reiteradas oportunidades.
“Lamentablemente, el proceso penal sigue siendo revictimizante”, reconoció la funcionaria.
A 11 años de Ni Una Menos, el desafío ya no pasa únicamente por promover la denuncia. También implica comprender todo aquello que ocurre antes de que una mujer se anime a pedir ayuda y construir condiciones para que pueda sostener esa decisión.
Porque detrás de cada número existe una historia que comenzó mucho antes de llegar a una oficina judicial.