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Aunque cueste reconocerlo el peronismo es una cantera inagotable de figuras. Aun estando en la puerta del cementerio, tras una mortal derrota, uno se va a topar con algún distinto. No importa si tiene porte o no de crack lo fundamental es que siempre hay uno predispuesto para entrar a la cancha como sea y a lo que sea. Aquí radica el verdadero “movimiento”, un eterno precalentamiento para quedarse en primera división. Es el caso de Ricky Quíntela, hoy por hoy lo mejor que tiene nuestra hermana provincia de La Rioja para ofrecernos. No será el Pelado Díaz, pero hay que reconocerle que va a todas.

Quedaron en las retinas de todos los compañeros ese candoroso abrazo en el Aeropuerto Capitán Vicente Almonacid con el ahora perseguido político radicado en España el Capitán Beto. Quien no lleva en sus oídos la más maravillosa música cuando lo declaró el mejor presidente que tuvo nuestro país. Esta vez Ricky nos vuelve a sorprender con una frase que marcará huella: “el peronismo tiene el deber y la obligación de ordenarse, hay que declarar una gran amnistía para que vuelvan todos los compañeros y nos sentemos en una gran mesa horizontal”. ¡Chúpate esa mandarina estimado gorilón si pensabas que los muchachos seguían besando la lona!

En realidad, más allá de hacer sonar el clarinete, el peronismo está aguardando el momento que las medidas tomadas por el presidente empiecen agrietar en una parte significativa de la población y el malestar se haga insostenible. Un clásico, que el enemigo tropiece primero. No esta demás señalar que con malestar social solamente no alcanza para reconstruir al peronismo. Pero esto por ahora es otra cuestión.

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El tema es que los dirigentes peronistas están divididos a partir de la percepción que tienen en sus territorios. Algunos sostienen que está fresca la sensación de que la crisis actual es responsabilidad del gobierno del cual ellos formaron parte. El gobierno aceptando disimuladamente que sin algo de casta es imposible gobernar el país y descontando que el Kirchnerismo no colaboraría, el presidente armó un escenario de confrontación a partir del DNU y la Ley Ómnibus, que mantiene por el momento expectante a los que lo votaron, a su vez acelerando a los sectores piqueteros, Kirchneristas y la CGT a salir a la calle.

El oficialismo tiene por delante dos desafíos que son centrales: ofrecer expectativas favorables en lo económico en el corto plazo y la necesidad de lograr acuerdos políticos.

La clase media argentina tiene internalizado desde hace tiempo que el estado gasta mucho, pero al mismo tiempo tiene reparos en pagar por lo que verdaderamente valen las tarifas de servicios públicos, por ejemplo. Con un país que viene colapsado en su economía habrá que ver cuál es límite de tolerar aumentos a favor de un futuro de estabilidad

Acá se abre una discusión interesante que habrá que ver como la metaboliza la política. El Kirchenrismo hizo del congelamiento de las tarifas de servicios públicos y de los combustibles una de sus principales políticas de ingresos artificiales para ganarse el voto de una parte de la población. Esto en desmedro de la falta de sustentabilidad de los servicios públicos. Ni hablar de las asimetrías de lo que pagaba el interior en relación al AMBA.

El gobierno de Milei está planteando un aumento importante de lo que pagan los usuarios y a su vez una reducción significativa de los subsidios. Aquí aparece otro problema de la Argentina disfuncional. Según relevamientos realizados, uno de cada dos compatriotas no está en condiciones de pagar el precio total de lo que consume.

La reducción de la inflación en gran parte está atada a la reducción del gasto. Esto lo saben gobernadores propios y extraños que asumen, aunque no lo manifiesten abiertamente, que este año va a ser muy dificultoso sacarle un peso a un Estado exhausto. Si la inflación no baja hacia fines de marzo y los dólares en el Banco Central siguen escaseando los riesgos de otra devaluación se hacen palpables. Con lo cual se empezará a medir la paciencia de la clase media, aun sosteniendo que hay que estabilizar la economía, la lealtad a Milei puede entrar en zona de riesgo.

¿Empezará a tallar la visión de shock- gradualista en el presidente ante la realidad que no se puede revertir décadas de distorsiones de un día para el otro?

El voluntarismo por sí solo no puede resolver la maraña de problemas que tiene que enfrentar nuestro país. En el peronismo no es sencillo encontrar nuevos liderazgos. Desde el interior por el momento no se lo vislumbra. Habrá que estudiar el fenómeno cordobés. La Confederación General del Trabajo abre su paraguas, una película ya vista cuando el peronismo se encuentra desorientado, un intento desesperado, pero un ámbito deliberativo al fin.