Su pasado como futbolista y la fe Bilardista le sirvieron para lograr ese desparpajo político que aun con contratiempos garpa. Por lo pronto salió con los tapones en punta. Lo de no mintió en campaña, es un mito muy bien logrado por el aprendiz de Durán Barba que ayudó a construir este relato que los argentinos estamos presenciando y que lo tiene como protagonista al Milei, presidente.
El político debe construirse de una doble identidad discursiva y eso fue lo que hizo. Un discurso fue el que le sirvió para ganar adherentes, sostener una campaña política y otro ahora empezando a gobernar. Construyendo poder, arremetiendo y cuidando los resultados.
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Con un golpe de efecto estruendoso, DNU y Ley Ómnibus, consiguió la centralidad política. No tardaron en aparecer las primeras luces rojas en el itinerario que se fijó el presidente. Movilizaciones, presentaciones judiciales, opiniones en contrario de referentes políticos (incluso de los que lo apoyaron en el balotaje) y convocatorias a paros.
Sin dudas el debate legislativo que pronto se va a producir promete ser intenso. El vamos por todo es malo, sea estatista o liberal en lo económico. Por aquí va a saltar la discusión en una fragmentación política que se acentuó a partir del camino tomado por el Ejecutivo. Será también un test interesante para ver qué nivel de acompañamiento tiene en su proyecto político el libertario. La pregunta del millón es como la sociedad va a ir asimilando este proceso, mientras avanza su tratamiento institucional, en medio del impacto de la economía real.
La Argentina de estos últimos veinte días parece atravesada por sentimientos encontrados. Salir del laberinto en el que se encuentra el país no es un proceso sencillo ni lineal. El vértigo que le imprimió con esta decisión desregulatoria abrió demasiados frentes de batalla, en una misma bolsa cohabitan proyectos centrales con accesorios y proyectos bien pensados con otros que parecen hecho más a las apuradas. Estamos por atravesar un vendaval y todavía se hace difícil mirar este proceso con algo de nitidez.
Milei está planteando un cambio cultural cuasi de raíz que va en contrasentido de una lógica corporativa que viene gobernado al país durante décadas. Se hace difícil pensar que esto se logrará a través de un decreto. Porque además de los temores, confusión y el resguardo de los derechos sectoriales, se sabe que salir de la madeja de regulaciones y de fuerte estatismo es un proceso que exige entre otras cosas, certidumbres y claridad en el mientras tanto.
Está claro que la Argentina debe proponerse un cambio profundo en proporción a la crisis que ha quebrado su economía, con su correspondiente deterioro social e institucional. Hay que marcar también que existen sectores que se oponen a todo tipo de cambio para no ceder espacios de privilegios o simplemente para no asumir la responsabilidad que les cabe por haber sido condescendientes con esta decadencia.
Todo proceso de transformación necesita generar consensos. Es necesaria la discusión pública, pero esta tiene que ser consistente, alejada de eslóganes o de una artillera de simplificaciones.
El político Milei tiene una carga ideológica importante y responde a una teoría que todos los aspectos de la vida deben regularse con las reglas del mercado y el Estado debe reducirse a las funciones de seguridad interna y externa y a la Justicia.
El Congreso será el ámbito en donde las medidas que impulsa el presidente se medirán con los intereses de la corporación política. Y la Justicia a través de sus jueces más relevantes tendrá que estudiar la constitucionalidad de este DNU que plantea una monumental desregulación. Está por verse que decidirán estos dos actores esenciales con dicho instrumento.
La impaciencia es el peor enemigo del presidente y de sus consejeros, los resortes republicanos tienen que funcionar en sus tiempos y en sus formas. El diálogo y la aceptación del pluralismo deben prevalecer en las democracias liberales.
Aún no sabemos si esta técnica que tanto utilizaba Néstor Kirchner, golpear para luego negociar, es un símil de la jugada que está desarrollando Javier Milei. ¿Será el objetivo la aprobación del megaproyecto tal cual se envió o con una parte el mismo está cumplido?
Nadie sabe lo que va a ocurrir, incluido el Presidente.
¡Feliz Año, estimados lectores!