En principio hay que aclarar que, ante la acotada demanda de bancarse la siguiente parada, el loteo Don Javier no tuvo más remedio que agrandarse. Los conocedores del rubro saben que cuando hay que “poner” algunos prefieren borrarse. O no califican.
Lo cierto que El León viene asomando. Un gobierno que se ha ido armando con una impronta particular y hasta polémica para el país que viene. Quedó en el recuerdo la mejor jugada del impredecible Milei que para llegar al triunfo tuvo que acercarse a Macri para después acostarlo con el mentado acuerdo electoral. Minga de cogobierno, palo y a la bolsa. Aun en la improvisación fue loteando espacios de poder con el fin de que su liderazgo tenga gobernabilidad.
A diferencia del 2015 el discurso que dará cuando asuma el presidente Milei, sin pelos en la lengua, va a ser duro. Un balance descarnado sobre donde estamos parados o concretamente el país que deja la administración de los Fernández. Hablará de un panorama sombrío ante gobernadores, legisladores, funcionarios, empresarios, sindicalistas, en definitiva, ir preparando a una sociedad para encontrase para lo peor.
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La pulseada por cargos, nombramientos y definiciones que mostró en estos últimos días expusieron su sello propio. Un pragmatismo desbordado a veces hasta para dar marchas y contramarchas con los anuncios. Estoy armando un seleccionado, llegó a decir. Fue por mas, “No me importan de donde vengan, sino que sean los mejores”. Una impronta que avecina un presidencialismo extremo. Hay mucho entusiasmo en parte de la sociedad con respecto al nuevo gobierno. Es comprensible ante un gobierno tan malo como el que se va, pero no hay que perder la moderación. O medir las expectativas, hoy estamos con un país al borde del precipicio, la semana que viene no vamos a estar en Noruega. Digo nomás.
El nuevo presidente necesita concentrar más poder en relación a su posición debilitada en el Congreso. Los gobernadores harán sentir su presencia legislativa. Necesita a lo que quede de Juntos por el Cambio por lo cual se hicieron acreedores de una parcela en la gestión. El que avisa no traiciona, su hombre político habló que Macri no había comprado acciones en el gobierno. Con el Peronismo no Kirchnerista ocurrió algo similar en camino a futuras negociaciones legislativas y para el Cristinismo quedo vía directa a través de las autoridades de LLA en ambas cámaras, con lo cual se reservó ciertos niveles de diálogo.
Lo más osado de Milei fue restituir al menemismo al poder. Siempre sostuvo que Menem fue el mejor presidente de los últimos 40 años porque fue el emblema de un modelo económico liberal ejecutado desde un gobierno con respaldo popular. Sin inflación y con casi todos los sectores sindicales acompañando sus reformas.
Con relación a su admirado riojano, las circunstancias políticas son bien distintas, le toca enfrentar la parte más difícil por la que atraviesa el país y que es lograr transformar el modelo económico. Esa fue su bandera. Es lo que esperan los que lo votaron, los que no esperarán resultados y los que se resisten a sus ideas tomarán las calles.
Lo que queda por confirmar es la mirada de una sociedad que acaso no tenga la tolerancia que si se tuvo en los 90. Milei se encamina a un ajuste económico veloz, contundente y profundo. Se sabe que enfrentara limitaciones veremos en como las enfrenta.
Mientras tanto el 10 de diciembre nunca un hombre con tan poco llego tan lejos en la política. En el Congreso convertido en presidente va a rugir “se termina la fiesta” y propondrá un cambio cultural que para la política argentina es un mensaje de guerra: ¡No se gasta un peso más de lo que entra! Bienvenido presidente Milei.