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Consumo en baja y bodegas llenas: el complejo vitivinícola bajo presión

El consumo de vino sigue cayendo en Argentina y en el mundo. En San Juan, la sobreoferta, los altos stocks y los bajos precios profundizan una crisis sin señales de recuperación.

El último informe nacional de Coninagro volvió a encender señales de alarma sobre el presente y el futuro de la vitivinicultura argentina. Durante 2025, el consumo interno de vino y mosto volvió a retroceder y consolidó una tendencia negativa que impacta de lleno en provincias productoras como San Juan.

Según datos oficiales difundidos por Ámbito, el consumo per cápita se ubicó en 15,7 litros por habitante al año, lo que representó una baja del 4% respecto de 2024, cuando había alcanzado los 16 litros. La caída no es un hecho aislado: en los últimos cinco años el consumo interno acumuló un retroceso superior al 30%, configurando un escenario de sobreoferta, altos stocks y precios deprimidos para los productores.

El semáforo de Coninagro: vino y mosto, otra vez en rojo

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El diagnóstico de Coninagro es contundente. El vino y el mosto volvieron a ubicarse en zona roja dentro del semáforo de economías regionales, una condición que el sector arrastra de manera casi permanente desde hace más de una década.

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El relevamiento advierte que cerca del 70% de los meses de los últimos diez años la vitivinicultura estuvo en situación crítica, incluso en períodos donde el agro argentino logró récords exportadores o mejores precios internacionales. La combinación de costos crecientes, precios atrasados y demanda en retroceso sigue bloqueando cualquier recuperación sostenida.

San Juan llega a la vendimia con stocks altos y sin señales de mejora

Para San Juan, el escenario no es distinto. La provincia se encamina a la vendimia 2026 con una cosecha estimada en torno a los 500 millones de kilos de uva, niveles elevados de stock en bodegas y sin expectativas de mejora en el corto plazo, ni en el mercado interno ni en las exportaciones de vino.

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Este combo presiona a la baja los precios de la uva, vuelve a poner en duda la rentabilidad del viñatero y refuerza una tendencia ya visible en la matriz productiva provincial: el vino dejó de ser el principal sostén económico del complejo vitivinícola.

Más pasas y mosto, menos vino

Hoy, el entramado vitivinícola sanjuanino se sostiene principalmente por los derivados industriales de la uva. Las pasas y el mosto concentran los dólares, mientras que el vino quedó relegado a un rol marginal en el comercio exterior.

Las exportaciones de vino de San Juan rondan apenas los 3 millones de dólares anuales, una cifra que contrasta con el peso histórico del sector y con el crecimiento de otros complejos productivos provinciales.

El informe también confirma que la crisis no es coyuntural. Durante el último año, los precios que reciben los productores crecieron apenas 11% interanual, muy por debajo de la inflación y del aumento de los costos. A esto se sumó un dato que agravó el escenario: las importaciones de vino y mosto crecieron 129%, sumando presión sobre un mercado interno que ya está en retracción y con escasa capacidad de absorción.

Un problema global: el mundo también toma menos vino

La caída del consumo no es un fenómeno exclusivamente argentino. A nivel global, el consumo mundial de vino acumula siete años consecutivos de descenso, con una baja del 12,5% en ese período. Las últimas cifras disponibles indican que en 2024 el consumo global se ubicó en torno a los 214 millones de hectolitros.

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Argentina se mantiene dentro del top ten de países consumidores, pero pierde en promedio un punto y medio de consumo por año, en un contexto donde incluso los principales mercados —Estados Unidos, Francia e Italia— muestran retrocesos sostenidos.

Los gráficos internacionales refuerzan esta tendencia: mientras la producción global se mantiene alta, el consumo cae, generando desequilibrios estructurales que impactan en los países productores.

Francia y el ajuste que marca el rumbo

El caso de Francia grafica la profundidad del problema. Ante un mercado saturado y una demanda en retroceso, el Estado decidió intervenir con un plan millonario para financiar el arranque definitivo de viñedos, con el objetivo de reducir la sobreoferta.

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En los últimos tres años ya desaparecieron unas 75.000 hectáreas de viñedos en suelo francés, una cifra que muestra que la crisis dejó de ser coyuntural para convertirse en estructural.

En Argentina, el debate también está abierto. Mientras en Mendoza se advierte que deberían eliminarse decenas de miles de hectáreas, en San Juan la estrategia apunta a reconvertir parte de la superficie hacia variedades destinadas a pasa y mosto, donde se vislumbra un horizonte más competitivo que en el vino.

¿Por qué se toma menos vino?

Especialistas de distintos países coinciden en que la caída del consumo responde a cambios culturales profundos, más allá de los factores económicos:

  • Cambios en la vida familiar: se redujo el consumo cotidiano en la mesa por la pérdida de las comidas tradicionales.

  • Nuevas generaciones: los jóvenes priorizan estilos de vida más saludables y optan por bebidas con menor graduación o versiones desalcoholizadas.

  • Preferencias de consumo: crece la demanda por vinos blancos, frescos y espumantes, en detrimento del tinto tradicional.

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Este fenómeno impacta en toda la industria del alcohol. Desde su pico en 2021, el sector perdió cerca de 830 billones de dólares en valor de mercado, una señal clara de que el negocio dejó de ser percibido como estable a largo plazo.

La paradoja exportadora

El informe de Coninagro también expone una paradoja. Entre enero y noviembre de 2025, las 19 actividades relevadas exportaron u$s54.193 millones, un 65% más que el promedio de la última década. Sin embargo, tres de cada cuatro dólares provinieron del complejo granario, mientras que las economías regionales explicaron apenas el 14,6%.

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Mientras sectores como bovinos, granos y miel lograron ubicarse en verde, la vitivinicultura volvió a quedar atrapada en rojo, confirmando que el crecimiento exportador no se distribuye de manera homogénea en el territorio.

Por Gabriel Rotter.