Según contó, el consumo de drogas de su hijo comenzó cuando tenía entre 14 y 15 años y con el tiempo la situación se volvió inmanejable.
“Últimamente estaba muy perdido en las drogas. De todo consumía”, relató. También describió el deterioro que sufrió el entorno familiar: “En su casa vendió todo. Ollas, platos… ya no quedaba nada para vender”.
La mujer aseguró que en reiteradas oportunidades pidió ayuda para internarlo y sostuvo que nunca encontró respuestas efectivas.
“No podía pasar sobre la ley de salud mental. Necesitaba una ayuda para él y no la tuve”, afirmó. Incluso reveló el nivel de desesperación al que llegó en algunos momentos: “Pensé hasta en encadenarlo a la cama. No lo hice porque iba a ir presa”.
Mónica sostuvo que desde 2024 intentaba judicializar el caso para conseguir una internación en un centro cerrado, ya que —según explicó— el joven escapaba de los tratamientos convencionales y los programas ambulatorios resultaban insuficientes.
“Me cansé de pedir ayuda”, insistió. En otro tramo de la entrevista, recordó al hijo que conocía antes de las adicciones. “Jugaba a las bolitas, hacía TikTok, me vio levantarme toda la vida a las seis de la mañana”, contó con angustia.
Sin embargo, dejó en claro que no pretende desligarlo de responsabilidades. “Los cuatro tienen que pagar por lo que hicieron”, afirmó. Agustín Vila fue detenido días después del ataque, cuando llegó herido al área de Urgencias de un hospital tras una pelea callejera. A partir de allí, la investigación avanzó y quedó señalado como uno de los integrantes de la banda acusada de irrumpir en una vivienda de Concepción, robar pertenencias y abusar sexualmente de una mujer y de su hija menor.
Mientras la causa judicial continúa avanzando, el testimonio de la madre volvió a poner sobre la mesa el debate por las adicciones, las limitaciones del sistema de salud mental y la falta de herramientas estatales para intervenir antes de que las tragedias ocurran.