Los Juegos Olímpicos son el escenario perfecto para que un deportista dé lo mejor de sí y su nombre pase a la posteridad, aunque la magnitud del evento se convierte en totalmente reversible si se fracasa en el intento. Por desgracia, al haitiano Jeffrey Julmis le tocó vivir la cruz en Río tras protagonizar una escena que rozó lo ridículo en su participación en las semifinales de los 110 metros vallas.
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