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Del salario a la salud: los datos que muestran que la igualdad aún está lejos

Cada 8 de marzo vuelve a ponerse en evidencia una realidad que atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana: a pesar de los avances en igualdad de género, todavía existen brechas significativas en salud, empleo y acceso a sectores estratégicos como la tecnología.

En el dia de la Mujer, distintos informes vuelven a poner en evidencia una realidad que persiste en el mundo corporativo argentino: la presencia femenina en los espacios de poder sigue siendo muy limitada.

De acuerdo con un relevamiento de KPMG sobre las mil empresas que más facturan en el país, menos de dos de cada diez lugares en los directorios están ocupados por mujeres. La cifra alcanza apenas el 17,8%, a pesar de que las mujeres representan cerca de la mitad de la fuerza laboral. La desigualdad también se refleja en los niveles jerárquicos: el 83% de los cargos directivos está en manos de varones, mientras que las mujeres apenas alcanzan el 17%.

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La brecha no solo aparece en el acceso a posiciones de liderazgo, sino también en los ingresos. Datos del Indec indican que las mujeres ganan en promedio un 26,2% menos que los hombres, incluso en puestos comparables. En paralelo, estudios internacionales advierten que el avance hacia la igualdad enfrenta retrocesos: el último informe global de Grant Thornton mostró que la participación femenina en puestos de alta dirección cayó por primera vez en años, pasando del 34% al 32,9%. A este ritmo, estiman los especialistas, la paridad de género en el liderazgo empresarial recién podría alcanzarse hacia 2051.

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Uno de los datos más llamativos surge de investigaciones recientes sobre salud. Un estudio internacional difundido por el World Economic Forum advierte que las mujeres pueden tardar hasta cuatro años más que los hombres en recibir un diagnóstico médico para enfermedades equivalentes.

La investigación, enfocada en la llamada “brecha en salud femenina”, muestra que este retraso aparece en distintas patologías. En algunos casos de enfermedades oncológicas, por ejemplo, el diagnóstico puede demorarse más de dos años en comparación con los varones. En otros, como la diabetes, la diferencia puede superar los cuatro años.

Detrás de esta situación aparecen varios factores. Entre ellos, la tendencia a minimizar o interpretar erróneamente los síntomas en mujeres, atribuyéndolos con frecuencia a causas hormonales, psicológicas o reproductivas. Esto puede retrasar la detección de enfermedades y el inicio de los tratamientos adecuados.

Aunque las mujeres tienen una expectativa de vida mayor, los datos de salud indican que pasan cerca de un 25% más de tiempo enfermas o con alguna limitación funcional que los hombres.

Enfermedades subdiagnosticadas

Algunas patologías reflejan con claridad este problema. La migraña, por ejemplo, es significativamente más frecuente en mujeres, especialmente durante los años fértiles. En Argentina se estima que casi uno de cada diez adultos sufre migraña, aunque en el caso de las mujeres el porcentaje puede superar el 14%. Sin embargo, muchos pacientes tardan años en recibir un diagnóstico correcto y suelen pasar por varios especialistas antes de identificar la enfermedad.

Algo similar ocurre con las enfermedades autoinmunes, donde cerca del 80% de las personas afectadas son mujeres. En muchos casos estos trastornos permanecen durante años sin diagnóstico o se confunden con otros problemas de salud.

Desigualdad laboral que persiste

Las brechas también aparecen con fuerza en el mundo del trabajo. En Argentina, las mujeres ganan en promedio un 26% menos que los hombres, incluso cuando realizan tareas comparables.

Además, distintos estudios muestran que muchas mujeres sienten que sus ideas no son tomadas en cuenta en sus espacios laborales y que todavía existen obstáculos para acceder a oportunidades educativas o profesionales.

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A nivel internacional, los informes sobre liderazgo empresarial también muestran señales de retroceso. Un estudio global reciente detectó una leve caída en la presencia de mujeres en puestos de alta dirección en empresas medianas, lo que refleja que el avance hacia la paridad no siempre es constante.

Al ritmo actual, la igualdad plena en cargos directivos podría tardar varias décadas en alcanzarse.

El sector tecnológico, uno de los motores de la economía actual, tampoco escapa a estas desigualdades. En Argentina, informes recientes señalan que solo el 36% de quienes trabajan en empresas tecnológicas son mujeres. Además, su presencia en puestos de liderazgo es todavía menor, lo que mantiene vigente el llamado “techo de cristal”.

Aunque muchas compañías cuentan con al menos una mujer en sus directorios, los cargos ejecutivos de mayor nivel siguen ocupados mayoritariamente por hombres.

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La paradoja de la igualdad percibida

Una encuesta internacional realizada en más de 40 países revela otra dimensión del problema: la percepción de igualdad entre hombres y mujeres no siempre coincide. A nivel global, una mayoría de personas considera que la igualdad de género ya se alcanzó en ámbitos como el trabajo o la política. Sin embargo, cuando se analizan las respuestas por género aparecen diferencias claras.

Los hombres tienden a percibir mayor igualdad que las mujeres en casi todos los ámbitos. Esto sugiere que, aunque existen avances institucionales, las experiencias cotidianas de muchas mujeres siguen marcadas por desigualdades.

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A pesar de estos desafíos, también aparecen iniciativas que buscan ampliar oportunidades en sectores donde la presencia femenina es mínima. Un ejemplo es el transporte de carga pesada en Argentina. Aunque cerca del 90% de la producción del país se mueve en camión, solo alrededor del 1% de los conductores son mujeres.

Para revertir esa situación surgieron programas de formación que buscan incorporar conductoras profesionales al sector logístico. Estas iniciativas incluyen capacitación en rutas, seguridad y tecnología aplicada al transporte.

Además de la formación, uno de los cambios clave tiene que ver con la infraestructura. La incorporación de mujeres al sector exige adaptar instalaciones como baños y vestuarios en terminales y plantas logísticas, un paso necesario para avanzar hacia entornos laborales más inclusivos.

Por Gabriel Rotter.