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Del Moro, íntimo, a horas del estreno de Masterchef Celebrity 2

Santiago del Moro no para. Por las mañanas, conduce El club del Moro, por el aire de La 100 y por las tardes, se sumerge en las grabaciones de Masterchef Celebrity, que se verá desde este lunes a las 22.30 por la pantalla Telefé. Mientras todavía resuenan los ecos de la histórica final entre Claudia Villafañe y Analía Franchín, la nueva temporada del reality está lista para revalidar las medallas que revolucionaron la televisión argentina en tiempos de pandemia.

En un alto de su agenda imposible, del Moro se hace un lugar para recibir en exclusiva a Teleshow. Lo de recibir es una figura, en este momento dominado por la virtualidad, pero aplica desde la calidez y la predisposición. Profesional al cien por cien, Santiago se encarga de que todo esté en orden: el audio, la imagen, el fondo. Cuelga por un rato el traje de gala y elije un look informal. Cuando está listo, se dispone a analizar causas y consecuencias del programa que lo apasiona, pero también a recorrer una vida de trabajo, cosechas y frutos.

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“Masterchef Celebrity es un programa diferente a todo lo que hice hasta el momento”, dice de arranque, con un entusiasmo que no suelta en ningún momento de la charla. Afirma que es el programa que siempre quiso hacer y se nota en cada una de sus intervenciones. La propuesta le llegó de casualidad, cuando tenía todo arreglado para hacer Trato hecho y la pandemia obligó a reformular la grilla en el canal de las pelotas. El destino, entonces, cruzó los caminos del formato exitoso con el conductor todoterreno, quienes se unieron para protagonizar un fenómeno que hace tiempo no se veía en la televisión argentina.

Esta nueva edición del certamen tuvo dos particularidades, que la distinguieron de otras en el mundo y que, se atreve a arriesgar del Moro, pueden empezar a justificar su éxito. Una es que se hizo por primera vez con celebridades, con un casting variado, de edades y profesiones, que permitió identificaciones y sorpresas. La otra, es que por primera vez se planteó como un formato diario, pensado como una tira, y con una gala de eliminación que llevó las tensiones a cifras insólitas de rating “La gala de eliminación es como un programa dentro del programa”, sintetiza el conductor. Y los números le dieron la razón: la final alcanzó picos de rating de 26.9, algo impensado para estos tiempos.

—¿Qué tuvo Masterchef para generar tanta repercusión?

—Es un programa en el que nunca paran de suceder cosas, cada día plantea nuevos desafíos y esa mixtura de cosas, sumado a la particularidad de un mundo de pandemia, creo que trajo de vuelta a la la familia a la televisión abierta.

La afirmación refuerza una de las características más sorprendentes de un programa que derribó los patrones actuales de ver televisión. En tiempos en los que los productos se consumen en cualquier momento y a través de diferentes plataformas, volvió a citar al público a la vieja usanza, a la misma hora y frente al mismo canal, incluso a los adolescentes que no vivieron aquella televisión. Entonces, entre cierta nostalgia y la curiosidad por la novedad, encuentra otro de los atractivos.

“Eso fue una sorpresa”, admite el conductor. “Es un programa que cruzó las generaciones. Lo viví en mi casa con mis hijas muy chiquitas, en la radio me lo comentaba gente más grande, o los abuelos de los chicos. Siempre soñamos que iba a ser algo grande, nunca imaginamos lo que iba a pasar después”.

—¿Dónde reconocés tu aporte al programa?

—Siempre fui un conductor del vivo, me fascina esa televisión, pero esto era otro código. Todo lo que había aprendido hasta ese momento lo tenía que utilizar como herramientas para intervenciones muy puntuales, como darle un poco de espectacularidad, ir narrando el día a día de los personajes, en definitiva, ir acompañando a la competencia.

—¿Cómo definirías la experiencia Masterchef?

—Más que un programa de cocina, es una carrera contra uno mismo, y contra el tiempo. Habla de tu pasión por lo que hacés, de la resiliencia que uno tiene, de sortear el inconveniente, de caerse y volver a levantarse. Es casi una supervivencia en esos 60, 70 minutos de acuerdo al dilema que se presenta cada noche en esta cocina, y eso cala mucho muy profundo y lo distingue de otros programas de cocina.

—¿Te molestaron las imágenes que se viralizaron y las críticas acerca de que algunos participantes recibían ayuda de la producción?

—No me molesta, pero siento que es subestimarnos a todos. Imaginate al resto de los participantes si saben que uno recibe ayuda. Entiendo que puedan generar un montón de suspicacias, es parte del folklore, pero el programa no es ficción, lo que pasa es lo que ven. Se concibe en tiempo real, el reloj empieza en un determinado tiempo y termina en otro.

—¿Cómo se vivió puertas adentro el impacto de la muerte de Diego Maradona?

—Cuando la llamamos a Claudia, le prometí que nunca iba a nombrar a Diego Maradona. Salieron especulaciones en el momento, que la íbamos a traer acá para que llorara y dijera... creo que nunca nombré el apellido Maradona, porque ella venía como Claudia Villafañe y es más, ella lo citó dos o tres veces como el papá de sus hijas. Obviamente cuando ella vuelve después de la muerte de Diego hizo alusión muy breve, porque obviamente fue un shock mundial, pero siempre respetamos sus tiempos, y se le dio la posibilidad de que no volviera al certamen. Ella lo pensó unos días y dijo que quería volver, porque era su lugar de trabajo.

FUENTE: Teleshow