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La historia detrás de las 400 mujeres que llenaron el teatro

Lo que comenzó como una jornada atravesada por la incertidumbre terminó convirtiéndose en una de las escenas más potentes de la Expo Internacional San Juan Minera 2026.

El viento Zonda no solo sacudió árboles, estructuras y calles de San Juan. También puso a prueba la capacidad de reacción de uno de los encuentros más esperados de la Expo Internacional San Juan Minera 2026.

La tarde previa al evento, las fuertes ráfagas dejaron daños en distintos puntos de la provincia y afectaron al Estadio del Bicentenario, escenario elegido originalmente para desarrollar el Encuentro de Mujeres de la Industria. Durante algunas horas, la incertidumbre dominó la organización. Había panelistas confirmadas, cientos de asistentes acreditadas, logística armada y una agenda completa pensada para una jornada que buscaba poner en el centro el rol de las mujeres dentro de sectores estratégicos como la minería, la energía y la producción.

Pero algo ocurrió entre los mensajes de urgencia, las llamadas nocturnas y las decisiones tomadas contrarreloj.

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La crisis se convirtió en una demostración concreta de liderazgo femenino.

En menos de dos horas, una articulación entre la Unión Industrial de San Juan, WIM Argentina, organizadoras, equipos técnicos y el municipio de Capital permitió trasladar toda la actividad al Teatro Municipal. El cambio implicó rehacer convocatorias, reenviar ubicaciones, reorganizar paneles y garantizar que cientos de personas supieran que el encuentro seguía en pie.

Y siguió.

Con una postal inesperada: cerca de 400 mujeres llenando el Teatro Municipal en una de las convocatorias más masivas de toda la Expo Minera.

Mientras afuera la provincia todavía intentaba acomodarse después del Zonda, adentro del teatro se hablaba de liderazgo, inclusión, mentoría, competitividad y redes de trabajo. El contraste era inevitable. Afuera había viento, daños y desorganización. Adentro, mujeres construyendo comunidad.

Gabriela Carranza

“Las mujeres somos todoterreno”, resumió Gabriela Carranza, presidenta del Departamento Mujer de la Unión Industrial de San Juan. Su frase no quedó solamente en una definición simbólica. Fue casi una descripción exacta de lo que ocurrió detrás de escena.

“Anoche fueron llamados, llamados, llamados y el rumbo cambió totalmente. Había que informar, hacer flyers, mandar mails, avisarles a los panelistas, cambiar direcciones. Toda una logística que en dos horas se realizó”, relató.

La escena dejó una imagen poderosa: mujeres sosteniendo un evento en medio de una contingencia climática, articulando recursos, tomando decisiones rápidas y evitando que una de las jornadas más importantes del encuentro minero quedara suspendida.

Pero además dejó otra lectura más profunda: la confirmación de que las redes funcionan.

Eso fue justamente lo que atravesó toda la jornada. El trabajo en red apareció como una de las ideas centrales de cada panel, de cada intervención y de cada experiencia compartida entre mujeres provenientes de distintos sectores productivos.

Laura Hernández

Laura Hernández, presidenta de WIM Argentina, destacó que la convocatoria reflejó no solo el interés que generan estos espacios, sino también la necesidad de seguir construyendo ámbitos donde las mujeres puedan vincularse, capacitarse y crecer profesionalmente.

“Tenemos casi 400 mujeres acá compartiendo experiencias y reflexionando sobre el potencial que tiene cada mujer”, señaló.

Y quizás una de las claves del encuentro estuvo justamente ahí: ya no se habló solamente de inclusión como una meta futura. Muchas de las expositoras plantearon que el desafío ahora pasa por otro lugar: transformar esa inclusión en participación real, sostenida y con acceso a espacios de decisión.

Durante los paneles se habló de liderazgo femenino, mentoría, sustentabilidad, transformación cultural dentro de las organizaciones y generación de oportunidades dentro de industrias históricamente masculinizadas.

El primer panel estuvo integrado por Laura Faria, presidenta de Voces Vitales Cono Sur y fundadora de Include-u; Marina Arias, directora ejecutiva de Sistema B Argentina; Giselle Petraglia, directora de Fundación FLOR; e Irini Wentinck, fundadora de Red MIA.

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Cada una aportó una mirada distinta, pero todas coincidieron en algo: las redes, la capacitación y el acompañamiento son claves para acelerar la participación de las mujeres dentro de sectores estratégicos.

“Estamos convencidas de que, a través del liderazgo, el mentoring y el networking, podemos generar un acelerador de talentos”, sostuvo Laura Faria.

La referente señaló además que muchas mujeres cuentan con formación técnica y experiencia profesional, pero todavía encuentran barreras para acceder a puestos jerárquicos o espacios de conducción.

“Al no haber mujeres en puestos de decisión, tampoco existe esa posibilidad inspiracional”, expresó.

Por su parte, Giselle Petraglia explicó el trabajo que realiza Fundación FLOR para fortalecer liderazgos femeninos y acompañar a mujeres que buscan crecer dentro de empresas e instituciones.

“Muchos de nuestros programas están orientados a públicos que ya tuvieron todas las oportunidades en otros aspectos. Por ejemplo, las mujeres”, señaló.

En tanto, Marina Arias propuso repensar el rol empresarial desde una lógica donde el impacto social y ambiental sea parte central del modelo de negocio.

“La gran innovación es incorporar dentro de mi negocio el impacto social y ambiental”, afirmó.

Finalmente, Irini Wentinck puso el foco en el valor de la articulación colectiva.

“Las redes son justamente la mayor herramienta de transformación”, aseguró.

Sus palabras parecían resumir lo que había ocurrido desde la noche anterior hasta esa sala llena en el Teatro Municipal.

Porque el encuentro terminó siendo mucho más que un ciclo de paneles.

Fue una demostración de cómo las mujeres construyen soluciones colectivas incluso en medio del caos. De cómo el liderazgo también aparece en la capacidad de reorganizar, sostener y contener. De cómo las redes dejan de ser teoría cuando una crisis obliga a actuar rápido.

Y quizás por eso la imagen más potente de toda la jornada no estuvo arriba del escenario.

Estuvo en las butacas llenas.

Casi 400 mujeres ocupando un espacio que horas antes parecía imposible sostener. Transformando una emergencia climática en una demostración concreta de organización, presencia y acción colectiva.

Porque si algo dejó esta jornada fue una certeza: cuando las mujeres se articulan, incluso las crisis pueden convertirse en oportunidades.