Las frías aguas del Pacífico que bañan las costas de La Serena son tan celestes como los colores con que se mimetizan los hinchas, que no pierden la oportunidad de jugar un "fulbito" en la arena y mojarse los pies cuando la pelota cae al mar.De pronto, desde los edificios de departamentos ubicados sobre la costanera empezaron a descolgarse banderas que identificaban regiones del país que iban desde la cercana Mendoza hasta la ciudad bonaerense de Ramos Mejía, mientras tres artistas chilenos se ponían sobre sus camisetas de Alexis Sánchez otras de Argentina y exhibían "trapos" albicelestes fileteados con las imágenes de Diego Maradona, Lionel Messi y Javier Mascherano.Los cánticos de tablón, habituales y lógicos para los argentinos, sorprenden a los mansos habitantes de esta pequeña ciudad de la Cuarta Región que tiene como cabecera a Coquimbo, y por lo bajo dejan escapar algunas quejas: "esto se llenó de argentinos y también hay muchos paraguayos, pero ninguno gasta nada. Puro taco nomás", cuestionó un taxista que veía pasar resignado a cientos de hinchas, sin que ninguna le demandara bajar la bandera.Los argentinos brotaron literalmente hoy de debajo de las piedras, formateados como familias enteras, grupos de amigos, muchos padres solo con sus hijos pequeños, y los obvios tours que masifican la pasión y la transforman en diminutas hinchadas ambulantes.Argentina no está sola en La Serena, a pesar de que la reducida capacidad del estadio La Portada (18.500 espectadores) no deja espacio para la demanda del doble de esa cifra que se cruzó hasta Chile por estas horas con la intención de ver a Messi y compañía en, al menos, uno de los tres partidos de la primera fase."La mar estaba serena, serena estaba la mar, de pronto llegó una ola (de argentinos), que casi los hace ahogar (a los pobres habitantes de La Serena)".