La presión alta, uno de los principales riesgos
Entre los factores asociados al ACV aparecen la hipertensión arterial, el tabaquismo, el colesterol elevado, la diabetes, el sedentarismo, el exceso de peso, una alimentación inadecuada, el consumo excesivo de alcohol y algunas enfermedades cardíacas.
La hipertensión merece especial atención porque puede permanecer durante mucho tiempo sin síntomas. Una persona puede tener la presión elevada y sentirse bien, pero una presión arterial alta sostenida puede dañar los vasos sanguíneos y aumentar considerablemente el riesgo de sufrir un ACV.
Por eso, controlar periódicamente la presión, el colesterol y la glucemia forma parte de las medidas de prevención, al igual que mantener actividad física, cuidar la alimentación, evitar el cigarrillo y tratar las enfermedades cardiovasculares.
El tiempo es clave cuando aparecen los síntomas
La prevención también consiste en reconocer rápidamente un ACV.
Si una persona presenta de manera repentina dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, alteraciones de la visión, pérdida del equilibrio o cambios bruscos en el estado de conciencia, hay que actuar de inmediato.
No hay que esperar a que los síntomas desaparezcan ni acostarse para ver si se pasa. Tampoco se recomienda trasladar a la persona por cuenta propia. Ante una sospecha de ACV, se debe solicitar asistencia médica urgente.
El tiempo es determinante porque existen tratamientos que pueden reducir las consecuencias del ACV cuando el paciente llega rápidamente al sistema sanitario.
Un programa nacional para mejorar la atención
El Ministerio de Salud creó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (Pronac-ACV), destinado a mejorar la detección, derivación y tratamiento oportuno de estos pacientes.
Además, el ACV fue incorporado al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud como evento de notificación obligatoria, con el objetivo de obtener información más precisa sobre los casos, su atención y sus resultados.
La prevención, sin embargo, comienza mucho antes de llegar a un hospital. Controlar aquello que todavía no genera síntomas puede ser una de las herramientas más importantes para reducir el riesgo.