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En el Tedeum, Lozano llamó a superar la división y la polarización

En el marco de las celebraciones por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, presidió este miércoles el tradicional Tedeum en la Catedral de San Juan.

En el marco de las celebraciones por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, presidió este miércoles el tradicional Tedeum en la Catedral de San Juan, donde dejó un fuerte mensaje de unidad, diálogo y compromiso con el bien común.

Durante su homilía, el prelado utilizó la imagen de un poncho tejido por artesanas sanjuaninas para reflexionar sobre la necesidad de fortalecer el entramado social. "Cada hilo por separado no abriga ni sostiene. La fortaleza está en el entramado", expresó, al tiempo que recordó una frase del papa Francisco: "El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas".

A partir de esa "parábola del poncho", Lozano advirtió sobre los riesgos de la fragmentación social e institucional y sostuvo que el desafío actual es reconstruir los vínculos. "Estamos llamados a ser trabajadores que entrelazan un tejido social que a veces parece deshilacharse", afirmó.

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En otro de los pasajes centrales de su mensaje, convocó a dejar atrás la polarización y promover el encuentro. Citando la oración de San Francisco de Asís, señaló que la verdadera independencia también implica "desarmar los espíritus" para favorecer el diálogo, el perdón y la reconciliación. En ese sentido, recordó el llamado del papa León XIV a "desarmar las palabras".

El legado de los próceres sanjuaninos

El arzobispo también destacó el papel que desempeñó San Juan en la gesta independentista. Recordó especialmente a Francisco Narciso de Laprida, quien presidió la sesión del Congreso de Tucumán en la que se declaró la Independencia el 9 de julio de 1816, y a Fray Justo Santa María de Oro, de quien resaltó su defensa de la forma republicana de gobierno frente a las propuestas monárquicas de la época.

"Él sabía que la libertad de la Patria debía nacer de la identidad, el consenso y el alma de su propia gente", expresó sobre el fraile dominico y primer obispo de la diócesis sanjuanina.

Un llamado frente al "cambio de época"

Lozano sostuvo que el mundo atraviesa "un verdadero cambio de época", marcado por transformaciones tecnológicas, crisis económicas, conflictos bélicos y profundas tensiones sociales.

Frente a ese escenario, instó a no caer en el miedo ni en el aislamiento, sino a asumir el compromiso de construir una sociedad más justa y solidaria. En esa línea, citó un reciente texto del papa León XIV para exhortar a "ensuciarse las manos en la obra de nuestro tiempo", poniendo a Dios en el horizonte de las acciones y al ser humano en el centro de las decisiones.

Asimismo, remarcó que "la grandeza de una Nación se mide por el amor y el cuidado que brinda a los más frágiles y vulnerables", e invitó a sostener la vida de quienes más sufren a través de la compasión, la solidaridad y el compromiso cotidiano.

"Sean la sal de la tierra y la luz del mundo"

Sobre el final de la homilía, el arzobispo retomó el Evangelio de Mateo para invitar a los argentinos a ser "sal de la tierra" y "luz del mundo", transformando la realidad desde el servicio, la honestidad y el cuidado del prójimo.

También dirigió un mensaje a quienes ejercen responsabilidades públicas, a quienes pidió actuar "con grandeza de alma", priorizando el bien común por encima de los intereses sectoriales.

Finalmente, encomendó a la provincia y al país a la protección de San Juan Bautista y de la Virgen de Luján, y pidió "la gracia de ser siempre testigos de la luz de Dios" para afrontar los desafíos del presente.

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