Ante la falta de respuestas, decidió dejar a los caballos descansando bajo unos árboles y caminar en busca de ayuda. En ese momento de incertidumbre, apeló a algo más personal. "Les pedí a mis ángeles que me hagan encontrar agua", relató.
Lo que pasó después fue lo que terminó viralizando el video. "Caminé 100 metros y está la Difunta Correa", contó, todavía sorprendido. Se trataba de uno de los tantos santuarios rutéricos dedicados a Deolinda Correa, la sanjuanina que murió de sed en los parajes desérticos de Vallecito y que, según la tradición popular, siguió amamantando a su hijo después de muerta. Como marca la costumbre, el altar estaba repleto de botellas de agua dejadas por los devotos como ofrenda.
"Debe haber 400 litros de agua", calculó Biderman mientras mostraba las decenas de botellas acumuladas en el lugar. Sin perder tiempo, volvió hasta donde había dejado a sus caballos para improvisar un bebedero. "Ahora los voy a traer acá para que tomen agua", anunció en el video.
El hallazgo no solo le permitió resolver el problema más urgente de la travesía, sino que también generó una ola de repercusión entre sus seguidores, que destacaron la coincidencia entre el pedido de ayuda y la aparición del santuario.
Biderman lleva meses recorriendo el país a caballo en un proyecto que busca visibilizar la equinoterapia y promover una ley nacional que regule esta práctica. Originalmente soñaba con llegar hasta Nueva York, pero problemas burocráticos en la frontera con Bolivia lo llevaron a cambiar el rumbo y continuar su recorrido hacia el sur argentino. En el camino, sumó un capítulo que no esperaba: el de un altar levantado en medio de la nada que terminó siendo, para él, una verdadera salvación.
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