La situación generó preocupación en el padre, que intentó comunicarse con su hija y luego consiguió el número de Riveros. Según su relato, decidió hablar directamente con él y preguntarle si existía algún conflicto en la pareja.
“¿Vos tenés algún problema con Camila? ¿Andan mal las relaciones con Cami?”, contó que le preguntó.
De acuerdo con lo relatado por Emilio, Riveros negó que existieran problemas con Camila, aunque se mostró interesado en conocer quién lo había contactado desde Salta y pidió reiteradamente ese número.
El padre finalmente le proporcionó el contacto de una persona de apellido Ruiz. Después, según contó, Riveros le manifestó que había hablado con esa persona y que la denuncia podía tratarse de una presentación falsa realizada a través de internet.
En ese momento, Emilio intentó avanzar por su cuenta y le ofreció a Camila buscar asesoramiento legal. Desde el teléfono de la joven recibió respuestas que, después del crimen, comenzaron a generar dudas en la familia.
“No papi… No te hagas problema, no es cosa mía”, recordó que le respondieron. Ante su insistencia, llegó otro mensaje: “No le des bola papi, no le des bola”.
Ahora, el padre de Camila pone en duda que esos mensajes hayan sido escritos por su hija. La sospecha familiar surge a partir de la investigación del crimen y de otros intercambios registrados desde el teléfono de la joven.
Los mensajes que llegaron después de la muerte
El testimonio de Emilio también puso nuevamente bajo la lupa una comunicación que recibió durante el fin de semana en el que ocurrió el femicidio.
El sábado por la tarde, desde el celular de Camila llegó un mensaje que decía: “Hola pa, ¿cómo andás?”. El hombre explicó que en ese momento estaba cocinando y que no respondió inmediatamente.
El domingo, alrededor de las 7:40, decidió escribirle para disculparse por la demora y preguntarle por su madre. Según contó, a las 7:59 recibió una respuesta desde el teléfono de Camila.
“Ah, qué bueno pa”, recordó que decía el mensaje.
El dato adquiere relevancia para la familia porque la reconstrucción de la Fiscalía ubica la muerte de Camila alrededor de la 1:30 de la madrugada. Por eso, Emilio sospecha que esos mensajes pudieron haber sido enviados por otra persona utilizando el teléfono de su hija.
“Era él, porque a la 01:30 mi hija estaba… estaba muerta. Me contestaba él el mensaje como si fuera ella”, sostuvo.
La existencia de una eventual denuncia previa por violencia de género y el origen de los mensajes forman parte de los interrogantes que ahora plantea la familia. Por el momento, el relato del padre constituye un elemento que deberá ser corroborado dentro de la investigación judicial.
Emilio aseguró que conserva mensajes, capturas de pantalla y registros de las comunicaciones mantenidas durante esos días, material que podría resultar relevante para establecer quién realizó las distintas comunicaciones y qué ocurrió con la supuesta presentación efectuada en Salta.
La investigación por el femicidio continúa bajo la órbita de la UFI Delitos Especiales y deberá establecer, entre otros puntos, si efectivamente existió una denuncia previa realizada por Camila, quién estuvo detrás de las comunicaciones posteriores y qué relación tuvieron esos hechos con lo ocurrido durante la madrugada en la que la joven fue asesinada.