Todo ocurrió en la mañana del 26 de junio, alrededor de las 7:50, cuando el propietario de una vivienda de Villa Chacabuco, en Rivadavia, escuchó ruidos en el fondo de su casa. Al ir a ver qué pasaba, encontró a Olmos agachado junto a la puerta del conductor de un Renault 12 blanco que pertenecía a su hermano y estaba estacionado en la parte trasera del terreno. Al verse descubierto, Olmos no eligió rendirse: eligió trepar.
Una fuga de techo en techo
En pocos minutos, Olmos se convirtió en el protagonista involuntario de una persecución que parecía sacada de una película de bajo presupuesto. Trepó por una reja de una ventana trasera, subió al techo de la primera vivienda y comenzó a moverse en dirección norte, ingresando sucesivamente a las propiedades de tres vecinos más
En uno de esos techos, enganchó y rompió uno de los cables del boyero eléctrico de seguridad de una vivienda, lo que disparó las alarmas perimetrales y aceleró la llegada de los patrulleros que ya rodeaban la zona. Los vecinos que escucharon los ruidos en sus techos llamaron al 911, y la red policial fue cerrándose.
Olmos, sin embargo, seguía corriendo. Sin visibilidad del operativo que se armaba en las calles y desesperado por escapar, llegó a un gran muro perimetral que decidió trepar. Era su error más grave.
Del otro lado del muro no había una calle de escape. Había el Regimiento de Infantería de Montaña N° 22, una instalación militar con guardias armadas y rondas permanentes, ubicada entre las calles Soldado Argentino y Sargento Baigorria.
El soldado Fernández lo divisó moviéndose de manera sospechosa en un sector restringido, le preguntó qué hacía ahí y no obtuvo ninguna explicación satisfactoria. Lo redujo y lo retuvo en el lugar. Las autoridades del regimiento llamaron al 911 y la Policía ingresó al predio militar para hacer el arresto formal. El operativo que había arrancado a las 7:50 quedó cerrado poco después de las 8:23.
La causa quedó en manos de la UFI correspondiente, a cargo del fiscal Francisco Micheltorena y la ayudante fiscal Liliam Mari. La defensa de Olmos no tuvo mucho margen: ante la contundencia de las pruebas y los testimonios de los propios vecinos afectados, aceptó los términos de un juicio abreviado. La condena inicial fue de 7 meses de prisión por el delito de violación de domicilio reiterada en cuatro hechos en concurso real.
Pero ahí no terminó el problema de Olmos. Al verificarse que ya cargaba con una condena previa, la Justicia dispuso la unificación de penas. El resultado fue una pena única de 6 años y 7 meses de prisión efectiva, con declaración formal de reincidencia y prisión preventiva para garantizar su traslado inmediato al Servicio Penitenciario Provincial.
Una huida cinematográfica, un error de cálculo monumental y una condena que llegó rápido. El único techo que Olmos verá por los próximos años será el de una celda.