El reclamo central iba dirigido al joven, a quien acusaban de haber robado, durante el fin de semana, un televisor perteneciente a una conocida del grupo.La tensión escaló cuando dos hombres del grupo se adelantaron exhibiendo armas de fuego, un sujeto de contextura delgada y alta con una pistola y un hombre mayor, bajo y corpulento con un revólver.
Mientras ellos encañonaban al joven, tres o cuatro mujeres rodearon a la chica.
Las agresoras atacaron ferozmente a la joven: le revisaron los bolsillos, la golpearon en la cabeza provocándole un hematoma y le tiraron del cabello con tal saña que le arrancaron mechones. Finalmente la dejaron ir, momento que la víctima aprovechó para escapar y buscar ayuda.
Simultáneamente, los dos hombres armados capturaron al muchacho. Lo sujetaron del cuello y lo obligaron a caminar por la vía pública hacia su domicilio. En el trayecto, lo golpearon repetidamente en la cabeza con las culatas de las armas, dejándolo ensangrentado.
Al llegar al departamento, los atacantes vieron que la ventana ya estaba violentada (con barrotes removidos y un vidrio suelto). Como la joven que había huido tenía las llaves, los delincuentes efectuaron disparos al aire para intimidar a los vecinos y obligaron a la víctima a entrar por la ventana a punta de pistola.
"Devolvenos el televisor o te vamos a matar", le gritaban.
Bajo amenaza de muerte, el joven encendió la luz de la cocina y acercó su propio televisor a la ventana para mostrarles que era suyo desde hacía tiempo. Al comprobar que el aparato no coincidía con el que buscaban, los agresores desistieron de entrar, pero se quedaron merodeando la zona de forma amenazante.
La joven logró conseguir un teléfono prestado para llamar al 911 (allí notó que durante la golpiza le habían robado su celular). Efectivos de la Comisaría 29.ª acudieron rápidamente al lugar, lo que provocó la huida de la banda.
Dos de los delincuentes irrumpieron por la fuerza en el último dúplex del complejo, cuya puerta no tenía cerradura. Adentro se encontraba una vecina que, por temor, no opuso resistencia mientras los sujetos se escondían en una habitación de la planta alta.
La víctima alertó a los policías sobre el escondite. Con la autorización de la propietaria, los uniformados ingresaron y lograron reducir a los sospechosos.
El botín y las pruebas secuestradas
Aunque las armas de fuego utilizadas no pudieron ser halladas, personal de Criminalística secuestró debajo de una cama elementos contundentes: cargadores de pistola calibre 9 mm llenos de municiones, varias vainas servidas y cartuchos de distintos calibres (incluyendo calibre .22), una faca de metal oxidado de unos 37 centímetros de largo, el teléfono celular (con funda plástica rosada) robado a la joven y una campera y zapatillas con manchas de sangre que uno de los delincuentes se había quitado para intentar cambiarse el look y despistar a la policía.
En el caso intervino el ayudante fiscal, Marcelo Bustos Meglioli, quien comunicó el hecho al fiscal de turno del Sistema Especial de Flagrancia, Francisco Micheltorena. Este último ordenó la inmediata detención de los sujetos bajo este fuero.
Los detenidos fueron identificados como Nicolás Molina (22 años) y Alberto Emanuel Castro (40 años). Ambos quedaron imputados como coautores de una gravísima lista de delitos de privación ilegítima de la libertad coactiva consumada, portación ilegítima de arma de fuego, violación de domicilio y robo.