Durante el debate, la fiscalía encabezada por el doctor Alejandro Mattar logró demostrar que Guerrero acorralaba e intimidaba constantemente a Navarro con un objetivo claro: forzarlo a abandonar la cuadra donde desarrollaba su actividad diaria. Esta conducta se encuentra tipificada en el artículo 149 bis del Código Penal.
Para garantizar la seguridad de la víctima, el tribunal impuso una severa medida cautelar: durante cuatro años, Guerrero tendrá prohibido realizar actos molestos, intimidatorios o turbatorios tanto contra Navarro como contra su pareja.
"Él va a poder seguir trabajando en la zona. La prohibición pesa sobre Guerrero, quien debe abstenerse de realizar estos actos molestos o amenazarlo", confirmó el fiscal Mattar tras la audiencia, ratificando el derecho del cuidacoches a mantener su fuente de ingresos en su lugar habitual.
De víctima mediática a condenado por la Justicia
La resolución judicial marca un fuerte contraste con el escenario que se vivía en junio pasado. En aquel momento, el caso tomó gran repercusión pública cuando Guerrero, quien cumplía prisión preventiva domiciliaria, brindó entrevistas periodísticas asegurando estar "preso en su propia casa".
En esas declaraciones, el ahora condenado acusó al fiscal Mattar y a la jueza de Garantías de actuar con "ensañamiento", sostuvo que no había pruebas en su contra y enmarcó las denuncias del cuidacoches como producto de una "sed de venganza". Además, se quejaba de que el trabajador continuaba en la cuadra burlándose de su situación.
Sin embargo, en el juicio se ventilaron las pruebas de la violencia verbal y las agresiones, y la Justicia terminó por darle la razón al trabajador callejero.
Los próximos pasos en el expediente
Al tratarse de un fallo de primera instancia, la defensa de Hugo Guerrero aún cuenta con la posibilidad de apelar la sentencia ante un tribunal superior. No obstante, mientras esa eventual revisión se tramita, las medidas restrictivas y la prohibición de contacto se encuentran en plena vigencia.
De esta manera, el sistema judicial pone un freno a uno de los conflictos vecinales más comentados del año, invirtiendo la narrativa inicial del agresor y garantizando que el trabajador de la calle pueda ejercer su oficio sin vivir bajo asedio.
Por Gabriel Rotter.