Este episodio se suma a otros hechos de inseguridad que ya se habían registrado en la previa del partido. Días antes, un hincha de Boca había sido víctima de un asalto en Santiago de Chile, en un contexto que ya mostraba señales de tensión alrededor de la presencia de público visitante.
La habilitación de hinchas del Xeneize en el estadio generó un clima particular en la previa, obligando a reforzar los operativos de seguridad. Incluso se dispuso un mayor despliegue de carabineros, personal privado y sistemas de control como Tribuna Segura. Sin embargo, esos esfuerzos no lograron evitar que, fuera del ámbito del estadio, se produjeran hechos delictivos.
El ataque a los micros vuelve a poner en agenda la problemática de la violencia vinculada al fútbol y la necesidad de reforzar las medidas de prevención, especialmente en competiciones internacionales donde el traslado de hinchas implica mayores riesgos.
Mientras, el club de la Ribera celebra un triunfo importante en lo deportivo, estos episodios dejan una mancha difícil de ignorar. La pasión de los hinchas, que acompañaron en gran número, se vio empañada por situaciones que nada tienen que ver con el espíritu del deporte y que vuelven a encender una señal de alerta.