No pudo concretar el triunfo cuando sacó 5-3 y dispuso de dos match points, pero recuperó el control, volvió a quebrar en el duodécimo game y selló el 7-5. El bonaerense, nacido en 9 de Julio, afrontó la final con mayor experiencia tras haber alcanzado dos instancias decisivas en el circuito.
Llegó con desgaste acumulado: en semifinales disputó el partido más largo de la semana, de tres horas y 31 minutos, ante Botic van de Zandschulp, donde salvó dos match points. Además, su rival arribó desde la qualy, lo que incrementó la exigencia física del duelo.
Desde febrero, Navone trabaja con Alberto Mancini, tras cerrar su etapa con Andrés Dellatorre. El cambio marcó un nuevo impulso luego de un período irregular: había sido top 30 en 2024, cayó hasta el puesto 99 y atravesó dificultades físicas, especialmente en los pies.
El título se suma a una racha positiva, con diez triunfos en sus últimos once partidos, y llega después de consagrarse en el Challenger de Punta Cana. Su recorrido incluye títulos en Polonia, Braunschweig, Lima, Poznan, Santa Fe, Santa Cruz de Bolivia, Buenos Aires y Cagliari.
El logro se enmarca en un hecho inédito para el tenis argentino, con tres finalistas en torneos ATP el mismo fin de semana: Marco Trungelliti en Marrakech y Román Burruchaga en Houston. Navone se convirtió en el cuarto campeón argentino en Bucarest, después de Franco Davin, José Acasuso y Juan Ignacio Chela, y saldó su deuda en finales ATP.