/// Por María Eugenia Vega
Hay un punto que no quedó muy claro, que la familia de Ojeda le achaca a la agresora, pero que la defensa usó para solicitar la legítima defensa y el Tribunal dio lugar a ello. ¿Quién tenía el cuchillo, el arma homicida? Según la defensa, ese instrumento punzocortante estaba en manos de Ojeda, quien había amenazado "una vez más" en cortarse a sí mismo (autoflagelarse) bajo los efectos del alcohol porque Andrada le advirtió una vez más que lo dejaría por su comportamiento violento.
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Lo que le gritó la hermana de Ojeda a Guadalupe la mañana que la sentenciaron fue que "ella llevaba el cuchillo porque sabía lo que iba a hacer". Por eso hablan de un comportamiento premeditado y no circunstancial. Sin embargo, el Tribunal de la sala I compuesto por Juan Carlos Caballer Vidal, Raúl Iglesia y Silvia Sansó no tomó esa versión en consideración. Entonces, pusieron el cuchillo en manos de Ojeda o al menos cerca de Guadalupe, donde ella lo tomó para defenderse de los golpes. Pero, lo más importante de esto fue que ella estaba embarazada de su beba Isabella, la nena que nació en la cárcel. Estos puntos fueron clave para que la sentencia sea a favor de la defensa: 5 años, la mínima por exceso de legítima defensa.
El caso es que esta sentencia, que tuvo en consideración el Tribunal, fue tal porque hubo testimonios que confirmaron que ella era golpeada, incluso vieron a Ojeda violentándola en la vía pública, lo cual complicó su situación. Una vecina advirtió el revuelo que hubo a las 22.30 cuando Andrada no dejó entrar a Ojeda, y por su estado de embarazo, le dijo "cualquier cosa me llamas", a sabiendas que podría sucederle algo malo.
Fueron varios los testigos que manifestaron escuchar el ladrido de perros y golpes cuando Pablo ingresó finalmente al domicilio pasada la medianoche. Para esa altura, ya había dejado indicios de que la cosa se iba a poner fea cuando llegara ante la negativa de la agresora de querer abrirle la puerta.
Otra de las razones que consideró el Tribunal fue la actitud que tuvo Andrada cuando sucedió el hecho. Pidió ayuda desesperada y, cuando llegó la Policía, se declaró culpable de haber matado a su marido, sumida en un llanto profundo.
Cuando se habla de los "antecedentes" de la víctima se hace referencia a las declaraciones de exparejas que también manifestaron haber sido violentadas por él. De hecho, hubo un testimonio de una ex que se fue de la provincia porque "Ojada la quiso ahorcar", según declara el expediente. Por esa razón, sumado al cúmulo de testimonios que dejaron sentado que Andrada era víctima de violencia, la Justicia tomó en consideración las circunstancias en las que se produjo el trágico desenlace.