Mientras nacen menos niños, los argentinos viven más. La esperanza de vida ronda los 78 años en 2026, con una mejora respecto de años anteriores. Las mujeres alcanzan valores superiores a los hombres, una tendencia que también modifica la estructura de la población.
Otro indicador clave es la edad mediana, que se ubica cerca de los 33 años. Esto significa que la mitad de la población tiene una edad inferior a ese valor y la otra mitad es mayor.
Las cifras también muestran que el crecimiento poblacional es cada vez más lento. El país se acerca a una situación en la que los nacimientos y las defunciones prácticamente se equiparan, un escenario que puede modificar el ritmo de crecimiento de la población en los próximos años.
El cambio no solamente aparece en los nacimientos y la edad. También se refleja en la forma en que viven los argentinos.
Según REDIFAM, el 24,6% de los hogares son unipersonales, el porcentaje más alto de la región. Al mismo tiempo, los hogares nucleares representan alrededor del 57%, mientras que los hogares extendidos se mantienen cerca del 17%.
La combinación de estos números muestra una sociedad con menos hijos, más personas mayores y hogares más pequeños, una transformación que impacta directamente en las necesidades de salud, trabajo, jubilaciones y sistemas de cuidado.
El informe advierte que este escenario obliga a pensar políticas públicas para una población que será progresivamente más longeva y con una estructura familiar diferente a la de décadas atrás.
Los números que muestran el cambio demográfico
- 1,4 hijos: tasa global de fecundidad.
- 2,1 hijos: nivel considerado necesario para el reemplazo generacional.
- 9,9 nacimientos: por cada 1.000 habitantes.
- 78 años: esperanza de vida aproximada.
- 32,9 años: edad mediana de la población.
- 24,6%: hogares unipersonales.
- 57%: hogares nucleares.
- 17%: hogares extendidos.
En apenas unas décadas, Argentina pasó de tener una estructura demográfica más joven a acercarse a una sociedad cada vez más adulta y longeva. Los números de 2026 reflejan que ese proceso ya no es una proyección lejana, sino una realidad que comienza a impactar en la vida cotidiana.