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Suba de 4,1% en diciembre: cuánto necesitó una familia para no ser pobre

Aunque el Gobierno celebró la inflación de 2,8% en diciembre, la canasta básica volvió a subir 4,1% y una familia necesitó más de $1,3 millones para no caer en la pobreza.

El Gobierno nacional volvió a destacar este martes la desaceleración de la inflación, que en diciembre fue del 2,8% y cerró 2025 con un acumulado del 31,5%, el nivel más bajo en ocho años. Sin embargo, en paralelo, el fuerte aumento de la canasta básica volvió a poner en primer plano el impacto social del ajuste.

Según el informe difundido por el Indec, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó en diciembre ingresos por encima de $1.308.713 para no caer bajo la línea de pobreza. Para no ser considerada indigente, ese mismo hogar debió contar con al menos $589.510, correspondientes a la Canasta Básica Alimentaria (CBA).

Un salto que ya venía desde noviembre

El aumento de diciembre profundizó una tendencia que ya se había manifestado el mes previo. En noviembre de 2025, el organismo estadístico había informado que una familia tipo necesitaba $1.257.329 para no ser pobre y $566.364 para no caer en la indigencia.

Durante ese mes, la CBA aumentó un 4,1%, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) avanzó 3,6%, ambas por encima de la inflación general de noviembre, que había sido del 2,5%. El principal motor de esas subas fue el encarecimiento de los alimentos.

Diciembre repitió el impacto en alimentos

En diciembre, tanto la CBA como la CBT volvieron a incrementarse un 4,1% mensual, una variación superior a la del IPC general. De acuerdo con el Indec, el aumento estuvo vinculado principalmente al comportamiento de alimentos y bebidas, que crecieron en torno al 3,1%, con fuerte incidencia de la carne.

También se destacaron subas en Transporte (+4%), Vivienda, agua, electricidad y gas (+3,4%) y Comunicación (+3,3%), rubros que impactan de manera directa en el costo de vida y en la medición de las canastas.

La reacción del Gobierno: foco en la inflación

Frente a este escenario, el Gobierno eligió poner el acento en la desaceleración inflacionaria. El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que el dato de diciembre confirmó la efectividad del programa económico y lo vinculó al superávit fiscal, el control monetario y el orden macroeconómico.

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“Es cada vez más evidente que este es el único camino posible para erradicar la inflación”, afirmó el funcionario, quien además remarcó que el 31,5% anual representa una baja significativa frente al 211,4% registrado en 2023.

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El presidente Javier Milei acompañó el mensaje y respaldó públicamente a Caputo, reforzando el cierre de filas del oficialismo frente a un dato social que volvió a generar ruido.

El contraste social del ajuste

Mientras el Ejecutivo destacó la baja inflacionaria, los números de pobreza e indigencia mostraron un escenario más complejo. En términos individuales, la CBA se ubicó en $190.780 por persona, mientras que la CBT alcanzó los $423.532, valores que reflejan el peso del costo de vida sobre los ingresos.

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En la Ciudad de Buenos Aires, el impacto también fue visible. Impulsada por el aumento de la carne, sus derivados y las frutas, la canasta de indigencia subió 3,3% en diciembre y la canasta de pobreza 3%, ambas por encima de la inflación promedio local, que fue del 2,7%.

El umbral de la clase media

El informe también dejó señales sobre los ingresos necesarios para sostener el nivel de vida. En noviembre, una familia tipo debió aumentar sus ingresos en más de $50.000 para mantenerse dentro de la clase media. Sin considerar alquiler, necesitó ingresos por $2.128.461, frente a los $2.076.904 del mes anterior.

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Si se incorpora el costo de un alquiler, el umbral trepó a más de $3.200.000 mensuales, un dato que volvió a evidenciar la presión sobre los hogares, incluso por fuera de los sectores más vulnerables.

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Así, el cierre de 2025 dejó una postal ambivalente para el Gobierno. Mientras Milei y Caputo celebraron la desaceleración inflacionaria como un logro central de la gestión, el avance sostenido de la canasta básica volvió a marcar el límite social del ajuste y a instalar un desafío político que se proyecta hacia el inicio de 2026.