Desde China ven el avance con buenos ojos, pero con reservas. “Estamos bien, pero no tan bien como queremos”, deslizó al medio Clarín una alta fuente del gigante asiático. La frase ilustra la sintonía fina que atraviesa el vínculo entre los gobiernos de Milei y Xi Jinping.
Entre dos fuegos: Washington y Beijing
El acercamiento a China no ocurre en el vacío. Desde Estados Unidos, especialmente desde el ala republicana encabezada por Donald Trump, presionan a Milei para que se distancie de Beijing. Pero los lazos con la potencia asiática son demasiado profundos como para romperse sin consecuencias: además del swap de monedas que sostiene parte de las reservas del Banco Central, unos U$S 19.000 millones, hay inversiones estratégicas en infraestructura, minería, energía y transporte.
En paralelo, Argentina continúa esperando señales de Washington. Una comitiva liderada por el canciller Gerardo Werthein y funcionarios de Economía e Infraestructura viajó recientemente a la capital estadounidense para cerrar un acuerdo comercial con pautas arancelarias preferenciales.
Se esperaba un anuncio la semana pasada, pero la definición no llegó. Tampoco hubo avances concretos en una esperada bilateral entre Milei y Trump, lo que ha generado cierta frustración en el entorno presidencial.