Durante ese proceso se aplicó la maniobra conocida como “skip reentry”, un rebote controlado en la atmósfera que permite reducir el calor y mejorar la precisión del descenso. Luego, un sistema de 11 paracaídas desaceleró la nave hasta unos 32 km/h antes del impacto con el agua.
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Tras el amerizaje, el buque USS John P. Murtha de la Marina estadounidense llevó adelante la recuperación. Buzos especializados aseguraron la cápsula y los astronautas fueron trasladados para sus primeros controles médicos.
Más allá del regreso, la misión dejó datos clave. Artemis II alcanzó una distancia de más de 406.000 kilómetros desde la Tierra, superando registros históricos de misiones anteriores como el Apollo 13 mission. Además, permitió capturar imágenes inéditas de la cara oculta de la Luna y probar sistemas fundamentales, como comunicaciones láser y soporte vital avanzado.
El vuelo no incluyó alunizaje, pero funcionó como un ensayo general de cara al próximo paso: llevar nuevamente humanos a la superficie lunar, con foco en el polo sur del satélite.