El caso FATE: parte de un problema o de las consecuencias
El anuncio del cierre de FATE irrumpe en un contexto político y económico sensible: debate por la reforma laboral, paro general y apertura comercial en marcha. El caso expone tensiones históricas entre proteccionismo, competitividad y reconversión productiva.
Estamos pasando momentos muy particulares en el país donde todo tema o conflicto que asoma en el horizonte mueve al menos para sospecha o de alertas difíciles a veces de visualizar o de entender, ni hablar de sus consecuencias. El asunto FATE estallo en un momento particular de definiciones políticas en la argentina.
En plena definición en el Congreso sobre la reforma laboral que el gobierno trata de implementar, en un paro nacional convocado por la CGT y de lleno en el corazón del programa económico del Presidente que plantea una apertura comercial. Un combo difícil de asimilar para el común del ciudadano. Los sectores industriales en líneas generales están bastante preocupados, su capacidad ociosa es alta y el “caso Fate” tiene variadas lecturas. Roberto Méndez, CEO de la empresa de neumáticos Neuman, hablo de un final anunciado, y que no se puede competir con China.
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Es más reclamo al gobierno la urgente implementación de una ley antidumping. Otros industriales por lo bajo señalan que el modelo híper proteccionista se llevó puesto al industrialismo genuino que el país tenía antes de 1950. La UIA en un comunicado expreso su preocupación por el cierre de FATE y hasta allí llego.
Lo cierto a prima facie que lo de FATE era un final anunciado. Una empresa que recibió de varios gobiernos medidas de alta protección, que no pudo o no quiso transformarse, un costo laboral significativo, reiteradas tomas de fábrica, sin posibilidades de competir y los argentinos yendo a comprar neumáticos a Chile fue un golpe difícil de asimilar. Hay que señalar que la empresa no está pasando un momento de dificultades de capital, en el preciso momento que anunciaba el cierre de la planta hizo una inversión significativa en la compra del predio que ocupa el holding empresario dueña además de ALUAR dedicada al aluminio y que también atraviesa por un escenario con mayor competencia externa.
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Ya en 2019 la empresa solicitó la apertura de un proceso preventivo de crisis, en el 2021 volvió hacerlo esta vez solicitando la quiebra, la fábrica fue tomada por tiempo prolongado y recientemente acaba de anunciar que por los malos resultados económicos que se han acumulado en los últimos años ha decidido cerrar.
La discusión sobre la posición que el titular de la empresa Javier Madanes ha mantenido en otros momentos en la cual reivindicaba el proteccionismo y las regulaciones, mientras el valor de los neumáticos era descarado es un coctel que describe la situación por la cual quiebra la empresa y la realidad de los trabajadores que quedan en la calle. Para dar un ejemplo concreto y no andar vendiendo humo, mientras en la Argentina un neumático cuesta $220.000, en Chile hasta uno de mejor calidad sale $70.000.
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En algún momento este esquema iba a tener consecuencias dolorosas. También es cierto que la culpa no es de los trabajadores, que mientras el mundo en este negocio se automatizaba, la empresa mantuvo un mercado cerrado y precios altos sin modernizarse. Hay que seguir defendiendo la industria nacional pero también es necesaria la reconversión productiva de la argentina. Por cierto, una tarea difícil pero no queda otra.
Ojalá se le encuentre una salida, la empresa dice perder dinero y está decidida a pagar lo que la ley indica para su cierre, que los empleados de FATE puedan continuar como una cooperativa de trabajadores. Hay experiencias en este sentido.
Hay que solucionar el problema de la competitividad, si un producto idéntico de la misma calidad cuesta mucho más en la Argentina que afuera hay que buscarle un equilibrio.
Las dos argentinas quedaron expuestas en cuestión de horas. Mientras se anunciaba un megaproyecto minero con inversiones por u$s 18.000 millones de dólares, por otro lado, una empresa de neumáticos en la PBA anunciaba su cierre y despidos de más de 900 personas.
Una apostilla con referencia al chicaneo político, en este caso de parte del entonces jefe de campaña de LLA Alberto Fernández, en su gobierno sumado al interinato de Massa, no hubo paros generales de la CGT, hubo marchas “contra la inflación”. Parece un chiste de mal gusto, ¿no?