El informe destaca que el 53,8% de los hogares urbanos accede a los tres servicios simultáneamente, pero el 46,2% restante carece de al menos uno, cifra que aumentó respecto al 44,3% registrado tres años atrás. En términos poblacionales, esto afecta al 48,4% de las personas que viven en estas viviendas.
El Indec aclaró que la disponibilidad de servicios varía según la región y depende tanto de la infraestructura existente como de la capacidad para realizar las conexiones domiciliarias. En muchos conglomerados periféricos, aunque la red existe, la extensión o los recursos para conectar los hogares son insuficientes.
Además del acceso a servicios básicos, la encuesta analizó condiciones de vivienda y entorno. Respecto al hacinamiento crítico —definido por más de tres personas por cuarto—, el 1,8% de los hogares urbanos lo presenta, lo que corresponde a aproximadamente 186.000 viviendas con más de un millón y medio de habitantes afectados.
Por otra parte, el 5,1% de los hogares se encuentra a menos de tres cuadras de un basural, situación que involucra al 5,9% de la población urbana. Asimismo, el 9% de las viviendas está ubicado en zonas inundables, donde se registraron anegamientos durante el último año, afectando al 10,7% de las personas.
En contraste, el 94,9% de los hogares reside alejado de basurales y el 91% en áreas sin inundaciones recientes. Sin embargo, el análisis cruzado con la condición socioeconómica revela que el 18,6% de las personas indigentes vive en zonas inundables y el 9,1% de los pobres cerca de basurales, mientras que entre quienes no son pobres estos porcentajes bajan al 7,4% y 4,6% respectivamente.
Estos datos conforman un mapa de desigualdad en las condiciones de vida urbana, donde la limitada cobertura de servicios básicos se combina con entornos que presentan riesgos ambientales y sanitarios, afectando principalmente a los sectores más vulnerables.