Según los datos citados del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Argentina tiene actualmente una tasa global de fecundidad cercana a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 hijos considerados necesarios para el reemplazo poblacional. En 2023 la cifra había sido de 1,33.
Un fenómeno que también se da en otros países
La tendencia argentina forma parte de un proceso demográfico que se repite en distintas partes del mundo.
La revisión 2024 de World Population Prospects, de Naciones Unidas, ubica la fecundidad mundial en 2,25 hijos por mujer, frente a 3,31 en 1990.
Más de la mitad de los países y territorios ya se encuentran por debajo del nivel de reemplazo y cerca de uno de cada cinco registra una fecundidad inferior a 1,4 hijos por mujer, considerada dentro de los niveles “ultra bajos”. Entre ellos aparecen China, Italia, Corea del Sur y España.
Para Agustín Pasqualini, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), el fenómeno no debería observarse solamente contando nacimientos.
“La caída de la natalidad no debería analizarse únicamente contando cuántos niños nacen, sino tratando de comprender cuándo las personas desean tenerlos y qué ocurre entre ese deseo y la posibilidad biológica de concretarlo”.
El especialista planteó que los proyectos familiares cambiaron y que muchas mujeres eligen o necesitan postergar la maternidad. Por eso, consideró importante que esas decisiones puedan tomarse con información sobre las posibilidades y los límites de la fertilidad.
La edad también juega un papel
Uno de los aspectos señalados por los especialistas es el impacto de la edad sobre la fertilidad femenina. Con el paso del tiempo disminuye la cantidad de ovocitos disponibles y también la proporción que conserva capacidad reproductiva.
Ese descenso adquiere mayor relevancia durante la segunda mitad de los 30 años y se acelera posteriormente. Los tratamientos de reproducción asistida pueden ayudar frente a diferentes causas de infertilidad, pero no eliminan el efecto del envejecimiento de los óvulos.
En ese escenario aparece la criopreservación de ovocitos mediante vitrificación, una alternativa que puede ser considerada por algunas personas que desean preservar la posibilidad de buscar un embarazo en el futuro.
El procedimiento permite extraer y conservar los óvulos a temperaturas extremadamente bajas, manteniendo su edad biológica al momento de la extracción.
La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) analizó evidencia sobre la criopreservación planificada y encontró mejores tasas de embarazo evolutivo y nacido vivo entre quienes habían congelado sus óvulos a edades más tempranas. Sin embargo, la propia evidencia disponible no permite establecer una edad universalmente óptima ni garantizar una determinada probabilidad de nacimiento.
El debate apunta a hablar antes de fertilidad
La discusión será uno de los ejes del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por SAMeR y previsto en Buenos Aires entre el 16 y el 18 de septiembre.
Los especialistas plantean que la primera conversación profunda sobre fertilidad muchas veces aparece recién cuando una persona tiene dificultades para lograr un embarazo. Para ese momento, la edad puede haber reducido tanto la reserva ovárica como la calidad de los ovocitos.
Por eso proponen incorporar el asesoramiento reproductivo a los controles ginecológicos habituales, incluso antes de que exista un problema. Una consulta puede permitir revisar antecedentes personales y familiares, enfermedades o tratamientos que puedan afectar la función ovárica y conversar sobre el proyecto reproductivo.
Gonzalo Devoto, gerente Médico de Endocrinología y Fertilidad de Merck, resumió la propuesta de esta manera: “No se trata de decidir antes. Se trata de saber antes”.
La idea, según los especialistas citados, no apunta a indicar cuándo tener hijos ni a promover tratamientos, sino a que quienes quieran construir una familia conozcan con anticipación cómo funciona su fertilidad y qué alternativas existen si deciden postergar la búsqueda.
Menos nacimientos, pero también nuevas formas de pensar la maternidad
La transformación demográfica convive, además, con un cambio cultural respecto de la maternidad. Hay mujeres que deciden no tener hijos y otras que postergan ese proyecto por razones laborales, económicas, personales o familiares.
Desde la asociación de pacientes Concebir, Ana Claudia Ceballos García señaló que también existen personas que, después de atravesar tratamientos para lograr un primer embarazo, deciden no buscar un segundo hijo por el desgaste que implicaría volver a atravesar el proceso.
El debate, así, excede la caída de las estadísticas. La discusión pasa por cómo cambiaron los proyectos familiares, cuándo se decide tener hijos y cuánto se conoce sobre las posibilidades biológicas de concretar ese deseo.