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Francisco lamentó "tantas oportunidades perdidas" por el país pese a su riqueza

En una entrevista exclusiva para un diario de la localidad de Tres Arroyos, el Sumo Pontífice habló distendido y sin tapujos de Argentina. También, se refirió a los incidentes en el Boca -River: "Fue una pena". 

Lejos de las formalidades de las audiencias generales en El Vaticano, el papa Francisco concedió una entrevista al diario La Voz del pueblo de Tres Arroyos, en que aprovechó para mandar un mensaje por elevación sobre la actualidad de la Argentina, además de reflexionar sobre otros temas y recordar situaciones de su niñez.

Francisco advirtió que Argentina es el país de las "tantas oportunidades perdidas", pese a toda su riqueza y "muchas" posibilidades, reiteró que se sintió "usado" por los políticos argentinos y aseguró que pobreza, corrupción y trata de personas son los "peores males" del mundo.

Entre otras cosas, el Sumo Pontífice habló de la "no sociabilidad" de los argentinos al hacer referencia a los bochornosos sucesos del último Boca-River, y cuestionó duramente la existencia de barrabravas.

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"Fue una pena. Son esas salvajadas propias de la persona que la pasión lo desborda, y también la prepotencia y la no sociabilidad, la incapacidad de vivir en sociedad. La verdad que es lamentable que en nuestro pueblo existan cosas como las barras bravas, sé que en otros países también existen", expresó.

"Yo viví el tiempo del fútbol amateur, en la campaña del 46 yo tenía 9 años y siempre iba a la tribuna, nunca a la platea. Lo peor que se le decía al árbitro era vendido, infeliz, idiota, y de ahí no subía. O patadura a alguno que no había agarrado bien la pelota, o dormido... No es esa catarata tan colorida de insultos de ahora. Ha cambiado el ambiente y es lamentable", agregó.En otro tramo de la extensa entrevista, Francisco habló de su relación con el fútbol y de su fanatismo por San Lorenzo."Me acuerdo como si fuera hoy la campaña del 46, nosotros íbamos al Gasómetro todos los domingos. Íbamos en familia, hasta ese momento iba mi mamá también. Después del partido salíamos y comprábamos caracoles en salsa, unas cuantas pizzas y volvíamos a casa. Era todo una fiesta familiar. Lo seguíamos de local nada más, y algunas veces cuando jugaba en Ferro, pero si no, a otras canchas no íbamos", contó.