En la casa que habitaban Claudia Moya y Alfredo Turcumán sólo queda el silencio. A un mes del hecho que le causó la muerte al joven (una semana después), sólo queda dolor y desolación en la familia; mientras la policía sigue investigando.
Es que se necesitan pruebas para incriminar a la mujer del joven y todavía se está juntando la evidencia para que el juez resuelva su procesamiento. Mientras tanto, la casa está vacía.
Los vecinos recuerdan el horror que se vivió en el barrio de Trinidad. Si bien, no quieren hablar con la prensa, algunos tienen miedo de involucrarse y por eso se llamaron a silencio.
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Los testigos que sí hablaron, concluyeron que la pareja era sumamente violenta y que el joven había pedido ayuda en más de una oportunidad. Es que al parecer, quería dejar a su mujer pero ella estaba embarazada y amenazaba con matar a su propio hijo; por eso todo terminó de la peor manera.