La norma creó un régimen de jubilaciones destinado inicialmente a empleados públicos de la Nación, funcionarios y agentes civiles.
A partir de esa legislación comenzó a funcionar la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones Civiles, un sistema que se financiaba mediante aportes de los trabajadores y que contemplaba el pago de una suma mensual una vez alcanzada la etapa del retiro.
En sus comienzos, el beneficio no alcanzaba a todos los trabajadores. Sin embargo, aquella primera experiencia abrió el camino para que con el paso de los años el sistema incorporara a distintos sectores.
Entre ellos estuvieron empleados bancarios, obreros, trabajadores aeronáuticos y trabajadores de prensa, entre otros.
Antes de las jubilaciones existían las sociedades de ayuda
Antes de que el Estado comenzara a desarrollar mecanismos previsionales, la asistencia para los trabajadores dependía en buena medida de las asociaciones de socorros mutuos.
Estas organizaciones brindaban ayuda ante enfermedades, accidentes y distintas situaciones de necesidad. La creación de un sistema jubilatorio estatal significó, de esta manera, un cambio en la forma de pensar la protección de los trabajadores después de su vida laboral.
Más que una fecha en el calendario
El Día del Jubilado también permite poner en discusión el acceso a una vejez digna, la salud, los ingresos y la protección social.
La protección de las personas mayores está contemplada además en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, cuyo artículo 18 aborda las condiciones laborales y el acceso a la jubilación.
Por eso, cada 20 de septiembre la fecha funciona no solo como un reconocimiento a quienes finalizaron su vida laboral, sino también como un recordatorio de la importancia de la seguridad social y de los derechos vinculados con la etapa de la vejez.