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Dejar de fumar reduce el estrés, la depresión y la ansiedad

Alberto D. está por cumplir 53 años, y pasó más de 37 años atado a fumar cigarrillos. Ya tuvo cáncer de próstata a temprana edad. Ya fue golpeado por un infarto del corazón, y el cardiólogo le recetó medicamentos y que dejara de fumar al darle el alta hace dos años. Pero el cigarrillo sigue aún dentro de su rutina. “Tengo problemas de ansiedad, y si lo dejo siento que estaría peor. Cuando mi cardiólogo me aconsejó buscar un tratamiento para dejar de fumar se lo comenté a mi psicóloga, y me dijo que no era el momento. No me da placer fumar, pero es un mal que no me puedo sacar de encima”, cuenta a Infobae.

Detrás de la historia de este abogado y de su psicóloga, se esconde un mito sobre el cigarrillo que ahora una revisión de 102 estudios científicos publicada en la Biblioteca Cochrane ha derribado. Algunas personas, incluyendo tanto consumidores como profesionales de la salud, creen que fumar ayuda a reducir el estrés y otros síntomas psicológicos y que dejar de fumar podría empeorar sus problemas de salud mental. También piensan que al dejar de fumar, se podrían dañar las relaciones con amigos, familiares y compañeros de trabajo.

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Sin embargo, la revisión de los estudios científicos reveló que las personas que dejan de fumar durante, al menos, seis semanas sienten menos depresión, ansiedad y estrés que las personas que siguieron fumando. Quienes dejaron de fumar también experimentaron más sentimientos positivos y un mayor bienestar psicológico. Además, dejar de fumar no tuvo efecto en la calidad de las relaciones sociales de las personas. Por el contrario, es posible que abandonar el cigarrillo esté asociado con una ligera mejoría del bienestar social.

¿Cómo lo saben? La revisión resume la evidencia de 102 estudios observacionales con más de 169.500 participantes. Los autores combinaron los resultados de 63 de estos estudios que compararon los cambios en los síntomas de salud mental de las personas que dejaron de fumar con los cambios que se produjeron en aquellas que continuaron fumando. También combinaron los resultados de 10 estudios que midieron el número de personas que presentó un trastorno mental durante el estudio. En los estudios participó un amplio abanico de personas, incluidas personas con enfermedades mentales y con enfermedades físicas de larga duración. El periodo de tiempo de seguimiento de los participantes varió, siendo el más corto de seis semanas, aunque en algunos estudios el seguimiento duró hasta seis años. La certeza de la evidencia varió de muy baja a moderada.

Una de las autoras de la revisión, Gemma Taylor, habló con Infobae y comentó: “Nuestro trabajo demuestra que abandonar el consumo de tabaco no empeora la salud mental. Por el contrario, es probable que la persona se sienta mejor al dejar de fumar. A muchos fumadores les preocupa que abandonar el cigarrillo altere sus relaciones sociales. Que les produzca un sentimiento de soledad. Sin embargo, pueden estar tranquilos, ya que dejar de fumar no parece tener un efecto negativo sobre la calidad de vida social”.

“Esta revisión de estudios científicos viene a derribar una creencia que lamentablemente aún tienen muchos profesionales de la salud”, afirma Débora Serebrisky, médica especialista en psiquiatría, experta en adicciones, directora del centro de tratamiento ambulatorio de adicciones NET21 y asesora científica de la Unión Antitabáquica Argentina (UATA).

Algunos fumadores intentan dejar por su propia cuenta. Otros buscan ayuda pero no reciben el tratamiento adecuado o el apoyo que necesitan para dejar una sustancia que han consumido por mucho tiempo. Entonces, se sienten frustados y aumenta la creencia de que al abandonar el cigarrillo, no hay bienestar posible, sostiene la doctora Serebrisky. Pero la investigación científica demuestra que si se pide ayuda y se accede a un tratamiento correcto, se puede dejar de fumar sin sufrirlo.

De acuerdo con Serebrisky, el tratamiento correcto para dejar de fumar incluye fármacos y psicoterapia de apoyo. Las guías con recomendaciones de la mayoría de los países incluyen la terapia de reemplazo nicotínico, como parches o chicles de nicotina, el medicamento vareniclina y el bupropión. “La psicoterapia de apoyo es especial para acompañar la cesación del tabaco. Tiene un protocolo que implica entre 6 y 10 encuentros con la persona que quiere dejar de fumar. Puede ser individual o grupal”, agregó la doctora.

También hay evidencia que fumar tabaco aumenta el riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés, o que sube su gravedad si ya se tienen esos cuadros. “En el ambiente de los profesionales de la salud mental, aún subsiste el prejuicio de que la cesación tabáquica debe ser postergada en los pacientes con trastornos de salud mental. Por supuesto, no se podría hacer el tratamiento para dejar de fumar en un cuadro agudo, pero lo cierto es que la mayoría de los pacientes con trastornos mentales se beneficiarían al ser también tratados para dejar de fumar. Hay que romper con ese prejuicio, que hace que algunas cooperadoras de hospitales les compren cigarrillos a los pacientes en lugar de darle acceso a los tratamientos para dejar de fumar”, advirtió Serebrisky. La medicación se toma como mínimo 3 meses. Pero varía según cada paciente. Algunos necesitan medicación por un año. Otros necesitan más apoyo terapéutico.

En tanto, el médico cardiólogo y especialista en tabaquismo Guido Bergman, del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), explicó que “los fumadores asocian el cigarrillo a ciertas situaciones de su vida y le dan un valor. Suelen decir que el cigarrillo los calma y les baja el estrés. Sin embargo, fumar aumenta el estrés del organismo, ya que aumenta la frecuencia cardiaca, la presión arterial, la liberación de mediadores inflamatorios, la tensión. de la piel. Es decir, lo que siente el fumador es una falacia. Lo que ocurre muchas veces es que usan el cigarrillo para salirse de la situación estresante y tener un minuto para pensar. O si no fuman durante unas horas confunden con estrés a la abstinencia a la nicotina”.

El cardiólogo añadió que hay que considerar que “cuando las personas dejan de fumar desarrollan síndrome de abstinencia. Sus síntomas son muchas veces confundidos con empeoramiento de la salud mental, como la ansiedad inicial, la irritabilidad, la pérdida de la concentración o la inquietud. Pero esos síntomas desaparecen ya que la necesidad de nicotina dura 2 a 3 meses. Por eso, en los estudios evalúan mínimo a 6 semanas de dejar, ya que la necesidad de nicotina es menor y los síntomas de abstinencia empiezan a desaparecer y no confunden”.

También Bergman advirtió que “gran parte de los fumadores tienen lo que se llama comorbilidad psiquiátrica. Es decir una afección psiquiátrica asociada, como depresión por ejemplo, y a estos pacientes les cuesta más dejar de fumar. Cuando indicamos el tratamiento de tabaquismo, tratamos que la persona esté estabilizada psiquiátricamente, por varias razones. La primera es que el tratamiento es cognitivo conductual y debe tener la actitud y voluntad del paciente para encararlo. La segunda es que tenemos que usar fármacos y siempre es bueno darlos en una persona más estabilizada”.

¿Qué puede cambiar a partir de la revisión de estudios de la Biblioteca Cochrane en la vida de los fumadores? Si bien los autores reconocen que la certeza sobre el tamaño del beneficio para la salud mental es limitada con los estudios disponibles, la doctora Taylor dijo que “las autoridades sanitarias deberían alentar el tratamiento de cesación del tabaco en centros de salud y hospitales. Si los fumadores tienen miedo de dejar porque aún creen que les podría empeorar la salud mental, los profesionales de la salud podrían citar nuestra revisión y explicarla a los pacientes”.

En resumen, el mensaje de la revisión es clave: las personas que dejan de fumar no suelen experimentar un empeoramiento de su estado de ánimo a largo plazo, tengan o no un trastorno mental. Incluso, podrían experimentar mejorías en su salud mental, como la reducción de los síntomas de ansiedad y depresión.