Los especialistas remarcan que uno de los principales problemas es que muchos jóvenes consultan por molestias digestivas y esos síntomas suelen atribuirse inicialmente a cuadros frecuentes, como hemorroides, estreñimiento o trastornos intestinales leves.
La cirujana colorrectal Marylise Boutros, integrante del Comité de Educación del Paciente del ACS, explicó que esa demora en el diagnóstico puede tener consecuencias importantes. Por eso insistió en que cualquier cambio persistente merece una evaluación médica, independientemente de la edad.
Uno de los síntomas que más preocupa es la aparición de cambios duraderos en el funcionamiento del intestino. La diarrea persistente, el estreñimiento que no mejora, las heces más delgadas de lo habitual o la sensación constante de evacuación incompleta pueden ser señales de alerta cuando aparecen sin una causa clara.
A esto se suma el sangrado rectal, considerado uno de los indicadores más importantes. Puede manifestarse como sangre roja brillante en el papel higiénico, en el inodoro o mezclada con las heces. Estudios recientes mostraron que este síntoma es el principal predictor de cáncer colorrectal en menores de 50 años que luego fueron sometidos a una colonoscopía.
Los médicos también recomiendan prestar atención a cambios en el aspecto de las deposiciones. Las heces muy oscuras, con aspecto alquitranado, la presencia repetida de sangre o de mucosidad pueden indicar que existe un problema en el colon o el recto que necesita ser estudiado.
Más allá de los síntomas digestivos, el cáncer colorrectal también puede manifestarse con señales generales del organismo, como pérdida de peso sin explicación, cansancio persistente, debilidad, disminución del apetito, náuseas o vómitos. Aunque estos signos pueden estar relacionados con múltiples enfermedades, cuando aparecen sin una causa evidente ameritan una consulta médica.
Los especialistas aclaran que estos síntomas no significan automáticamente la presencia de un cáncer, pero insisten en que no deben naturalizarse ni tratarse únicamente con medicación sin una evaluación profesional.
En personas con riesgo promedio, las recomendaciones internacionales indican comenzar los estudios preventivos a partir de los 45 años. Sin embargo, quienes tienen antecedentes familiares de cáncer colorrectal o padecen enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, pueden necesitar controles antes de esa edad.
Entre los métodos disponibles, la colonoscopía continúa siendo el estudio más completo porque permite detectar lesiones precancerosas e incluso extirpar pólipos durante el mismo procedimiento, reduciendo significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Los especialistas coinciden en un mensaje central: el cáncer colorrectal tiene altas probabilidades de tratamiento cuando se detecta en etapas tempranas. Por eso, ante cualquier síntoma persistente o diferente a lo habitual, recomiendan consultar sin demoras y evitar minimizar señales que podrían marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz y uno tardío.